jueves, 8 de octubre de 2009

Superar tus limitaciones es posible

Hazlo tú mismo.

N. de la T. ¿Ustedes también son de aquellos humanos que se reformulan viejos propósitos al empezar el nuevo curso?

Poniéndoles así ejemplos que se me ocurren de repente: ¿Aprender inglés; tocar la guitarra o las narices? ¿Apuntarse a un curso de informática para poco dotados – de la informática? ¿Entrenarse en el gimnasio y adelgazar esos impertinentes kilillos? ¿Dejar de fumarse aquellos pitillos?

¿O estrenan inquietudes como almas curiosas llevadas raudas por Wikipedia? Chiúuuuun.

¿Se aseguran bien de quitar el forro que envuelve sus miedos? ¿Intentan superarlos? ¿O dicen folclóricos internamente sin que se les note: ‘mieeedoooo, tengo mieeedoooo’? ¿Los superan los mieditos? ¿Se consideran personas responsables y capaces de alcanzar sus objetivos, sus anhelos: llamémoslos ‘X’s’?

(Ya está la pesada esta con las preguntitas: lo reconozco, también a mi me sacan de quicio estas mordaces autorreflexiones y me canso un poco de mi misma, pero con 30 años te acostumbras)

Pues para algo hemos vuelto, y si hemos vuelto ha sido para seguir formulando estas cuestiones indiscretas que fomentan el movimiento de sus neuronas, la sudoración de sus manos y, por supuesto, el chiqui chiqui de su cerebro.

Obvia decir que por nuestra parte la respuesta es cristalina y unánime: ni sí, ni no. Psssí. Lo mismo y como siempre: nos cuesta posicionarnos y no nos echamos a ningún lado. Nos mantenemos en un discreto segundo plano como la Reina Sofía, al tiempo que les ofrecemos el tratamiento exclusivo con el que cercenar antiguas cortapisas o renovados contratiempos. Limitaciones que tenemos porque no dejamos de ser personas humanas, algunas más humanas que otras.

Les propondremos El Manual de las Maneras de hacerse cargo de uno mismo y de sus circunstancias para acabar conquistando pequeñas metas o grandes retos. Todo es posible si ustedes quieren y ya pueden querer queridos. Créanmelo. Querer es creer y creer es poder. Uf. No les digo ná y se lo digo tó.

Las limitaciones terminan cuando apremia la necesidad: justo en el momento en que perdemos la paciencia.
Ciertas personas conviven con sus limitaciones. Se acostumbran a ellas como si se tratara de apósitos con los que hemos nacido. Imagínense que nacen con tres tetas. Pues, con eso tienen que vivir, con todas ellas. Forman parte de ustedes las tres tetas. Así es la vida.

Las asumen de la misma manera que algunos sabemos que nunca tendremos los ojos azules o seremos pelirrojos; que no podremos pasar más de tres horas seguidas subidos a unos tacones esgrimiendo algún ápice de dignidad; y que por mucho que nos esforcemos en minimizar nuestra propia inutilidad jamás de los jamases conseguiremos ser hackers - si acaso nos descargaremos canciones sueltas en el emule y veremos alguna serie de moda.

Eso es así y hay leyes irrefutables del Mundo y de la Naturaleza Humana que confirman estas afirmaciones que les hago con expresiones tan vehementes. Es que hoy nos hemos amanecido vehementes.

¿En qué manos, sino en las nuestras, está la llave para aprender aquello que está velado a nuestra astucia? ¿Alguno se sabe el código secreto? Pues en la pregunta se encuentra la respuesta queriditos saltamontes: La llave está en nosotros mismos. Esto cada vez se parece más a Coelho y nos estamos como yendo de nuestra propia personalidad. Fuera filósofos peseteros. A la mierda.

Pasémonos a la metáfora del atleta, que es bastante más descriptiva: El impulso. El salto. El Jaaaarl; no puedorl; que me tiro mapachito y no hay quien me pare.
Ya que, si otros son los que nos impulsan podemos acabar con las narices estrelladas en el asfalto, dando un espectáculo muy grotesco que no beneficia a ningún espectador con afanes mismamente estéticos.

Pero imaginen que, por casualidad, no son otros son los que nos elevan para dar el gran salto y nos subimos a un trampolín, pues puede que nos caigamos porque nos hemos pasado de altura con el impulsaco, o porque el saltito con el que subimos ha sido tan pequeño que no llegamos a ningún sitio y podemos tropezar y resbalar y caer, en menor medida, con las narices estrelladas en el asfalto.

Así que: salten ustedes solitos y tomen su propio impulso. Déjense de ayuditas que ya tenemos todos pelillos donde tienen que estar a estas edades los pelillos. En sus sitios concretos. A ver si nos dejamos de milongas y menos pucheritos. Se lo digo por su bien.

Ejercicios para la próxima sesión de esta Terapia:
1. Hagan una lista con varias, todas, o alguna de sus limitaciones.
2. Céntrense en cuáles de ellas son superables, cuáles probablemente superables y cuáles de ellas del todo imposibles de superar. Tachen estas últimas.
3. Trabajen con 3 de ellas. Las altamente superables. Asúmanlas y piensen en los aspectos positivos que derivarían de la superación de las mismas. Visualicen finalmente el momento de la superación.
*Repitan conmigo: Vamos a superarlo. Lo haremos y después nos alegraremos y seremos mejores personas. Eso es. Repitan varias veces. Tampoco se cansen. Noten como la luz entra en sus mentes. Prescindan de impulsos externos y acomódense en sus propios muelles internos. El saltito está llegando, perciben lentamente ese impulso. Chás.
En la próxima sesión seguiremos dando pautas.


P.D. Tengo 30 años y medio. No tengo carné de conducir. Vamos, me da miedo montar hasta en las bicicletas grandes, a las que no llego a pedalear. Y ya va siendo hora hija mía con la edad que tienes, me dice Madre de servidora, que es un carné de nada que ya te has sacado una carrera. Por mis narices que me lo saco. La Unión hace la Fuerza. Ay. No me abandonen.

martes, 6 de octubre de 2009

Ya estamos aquí

N. de la T. Vuelven los días a acortarse. Vuelve a soplar este viento frío. Vuelve, por fin, la temporada de otoño con algunas novedades y pocas caras desconocidas. Vuelven los protagonistas de historias de tercera regional y los secundarios de lujo.

Vuelve, sin querer, la melancolía del calor y del sol que quemaba. Porque vuelve el frío señores. Septiembre acabó y ya se apagó lo que nos quedaba de verano. Bueno, más o menos. Y cómo nos alegraba la vista el bronceado en nuestros cuerpos morenos ardientes al calor. Ain. Qué pena y qué tristeza más feliz. Porque ahora estaremos más blanquitos, pero volvemos.

Volvemos a cambiarnos las ropas. A vaciar de nuevo los armarios que nos libraron del frío, cómplices silentes de las ropas de abrigo; que se llenarán ahora con vestiditos que casi no tapaban, que solo insinuaban para quitarnos el sofoco y las vergüenzas.
Lo peor del dichoso trasvase de vestuarios es aquello que, inevitablemente, se quedará por los cajones, olvidado. Ésa camisa rara. Lo que nunca nos pusimos, lo que ocupó un espacio sin más porque no encontramos ni el sitio ni la ocasión en que ponérnoslo.

La nueva temporada, de momento, nos trae muchas sorpresas.

Al menos, reconocemos que les debemos una explicación. Vale varias. Ya, ya, ya.
Las respuestas a sus porqués: ¿por qué tanto tiempo, por qué hicimos esta huida hacia el silencio, dónde nos llevaron nuestros pasos, qué encontramos en el camino, por qué nos fuimos?. ¿Por qué volvimos?.

No me mareen, el caso es que ya estamos de nuevo aquí. Aprovechamos para saludar a los parroquianos que están desde el principio, en especial a mi Santa Madre; a los que todavía no se hayan ido, a los que –ya tienen mi admiración por adelantado, hayan aparecido en esta Terapia sin querer, o queriendo. Holita a toditos que diría Flanders.

A los que no están, que se vengan, corran la voz y pasen la bola que se abre ‘el chiriguito’. Al resto, acomódense que empieza la función. Luces, cámara y… Acción.

“A veces las preguntan embarazosas solo atienden a respuestas incisivas y cuando, por iniciativa ajena, las excusas acaban siendo un remedio contra la curiosidad, es mejor dar todos los detalles y asumir alguna de las consecuencias.

Me fui porque necesitaba respirar, sentir el aire caliente entrar en mis pulmones, estirarme como si fuera de plástico, olvidarme de los pasos que había dado y empezar a ser consciente de los que tendría que andar. Y rodar y rodar, rodar y rodar.

Me fui sin darme cuenta, sin saber que el tiempo se aliaría conmigo y el silencio se convertiría en mi sombra. Me fui para volver, renovada y valiente, para aprender a afrontar las dudas que siguen sacudiendo mis sueños.
Me fui para echarte en falta, para saber que me hice grande y que quizás haya aprendido a perder. A jugar hasta el final. Por jugar al escondite para irme lejos. Al final no me acordaba de por qué me fui, ni de por qué quise volver.
Volví porque necesitaba tener las ganas para volver. Volví para poder reconocer esa persona que a través del espejo me miraba a los ojos.

Por eso me escapé a otros lugares, descubrí otros mundos. Me sorprendieron paisajes que jamás pude imaginar. Conocí a otras gentes, habité en otras tierras, descubrí gestos que ya conocía en las caras de habitantes de otras ciudades. Y no me cansé de seguir observando. Continúe mi viaje guiando a mis pies por sitios en los que hubiera querido perderme. Perdida me cansé, bebí agua hasta saciarme. Respiré hondo. Sacudí lejos de mi lado la duda. Por fín dejé a la felicidad entrar suavemente por los poros de mi piel. Cerré los ojos y sentí, por vez primera, la fuerza que tenía dentro.
La descubrí, por eso vuelvo. Ya estamos aquí”.

P.D. Les dejamos con el minuto musical. Prometemos fotos, vídeos y más cosas. Ahora, pinchen y quédense con esta canción: “De momento abril”. La canta La Bien Querida. Mola.

domingo, 26 de abril de 2009

Bailando me paso el día, entre otras cosas

N. de la T. Disculpen estas molestias: seguimos con lo nuestro.
Así es.

Esta terapia tiene algunos defectos, de sabios es reconocerlo.
Tan sabios no somos pero lo reconocemos. No tenemos aún la certeza de que esos defectillos terminen siendo –quizás con un poco de empeño- virtudes que se escaquean; eso según lo vea cada cual. Dependerá de los ojos con los que se nos mire, o del color de los cristales de sus gafas de sol.
Otro día, queridos, hablaremos de la importancia de llamarse Ernesto, y también de la importancia de unas buenas gafas de sol con sus buenos cristales de colores. Ya saben, protéjanse siempre los ojos, que el par que tenemos ha de durarnos toda la vida.

Venga, que nos vamos del tema. Uno de estos defectos/virtudes, ésos a los que nos referimos -al inicio de este particular soliloquio- es que somos un poco tremendos-tremendistas tirando a lolailos. Esto es, en las Grandes Ocasiones, tanto cuando el desenfreno como el conflicto lo requieren: sacamos las castañuelas, entonamos un ‘jitazo’ de ayer, hoy y siempre, y nos marcamos unos bailes de lo más sanos, esos que acaban con cualquier atisbo de mal rollo. ¿Me siguen? ¿Entienden la importancia del Ritmo? ¿No?
A ver síganme todo recto y pasamos al desarrollo de esta Gran Pregunta:
¿Sabían que bailar es sanísimo?

¿Que fortalece la salud y nos quita los nervios cuando estamos nerviosos nerviosos? Pues desde aquí les informamos: Contonearse robustece la autoestima; desentumece los huesos, mejora nuestra expresión corporal –que a todos nos gusta un ‘meneíllo’; y reanima a las mentes más oxidadas. Incluso, si se me ponen tristes, a las menos animadas: 'Arriba esas sonrisas, y que no se diga hombre'.

Eso sí: Bailen con precaución, no me vayan a terminar como Alaska con el cuerpo dolorido, que se pasaba el día bailando y así ha terminado la pobre. Esa mujer es un no parar de energía, ¿no les parece que está en todas partes Alaska? Es como la cocacola. Ain, la cocacola, esa bebida refrescante y con burbujitas, que se disipa igual que servidora después de un ‘cabreíllo’, ya me he vuelto a ir, cómo me disperso oigan: Disculpen.

Después de hacer bastante hincapié en los beneficios del bailoteo, les tengo que confesar algo. Todo el rollo del baile viene por algo -o no queridos, ya conocen ustedes, si son lectores habituales por eso les advertimos (¿Hay alguien nuevo por ahí?)- las ‘multiconexiones’ que se gasta esta terapeuta para acabar contando ‘nada’, lo que viene siendo, en argot de la calle: ‘nádená’. Qué le vamos a hacer, no se puede luchar contra la propia mente, que se empeña en divagar y divagar.
Bueno, por poder se puede combatir contra uno mismo - con mucha fuerza mental. Se puede sí, aunque no vamos a ponernos ‘tan farrucos’ ni exigentes con nosotros mismos; para eso ya tenemos a los jefes o a los padres, según las circunstancias de cada uno. Tampoco podemos estar así 'pidiéndonos todo el rato cosas imposibles' puesto que conllevan una gran exigencia, y al final se me cansan que no vean.

A saber, cada cual tendrá sus 'listones más altos', sus pequeñas escaladas al 'Chiquiti-kili-manjaror': ‘apuntarnos al gimnasio para tener el Cuerpo de Elle McPerson’; inscribirnos en un campamento de idiomas para pillar un novio extranjero y aprender bien la lengua –extranjera. Pero tampoco se pongan Grandes Metas. Ya saben: Pasarlo mal ‘pa ná’ es tontería.
Ya les oigo, me dirán los más guerreros: ‘pa tonterías las suyas’. Sí, hemos de reconocerlo nos hallamos en una ‘etapa tontolona’, en modo ‘atontolinaíllo’. Hay que ver cómo nos gusta inventar palabras sin ayuda de un diccionario, ah, y también un brownie calentito con helado de vainilla y chocolate caliente por encima. Con eso nos volvemos casi locos, salivamos en exceso y ya estamos volviendo al ‘dispersamiento’.

Les pregunto, entonces: ¿Cuál es su canción preferida? ¿Hace ese soniquete que quieran bailar hasta perder el sentido? ¿Les incita al movimiento aunque sea al escuchar los tres primeros acordes? (Do-o-o estracto de varó-o-on...¿?)

Todo el mundo tiene una canción que le alegra, que le pone las pilas y levanta su estado de ánimo hacia el cielo. Pues: ¿Qué les gustaría escuchar si bailasen como si nadie los viera?; ¿Cuál sería el ritmo que tendría que sonar para que ustedes se arrancaran y se convirtieran en los Reyes de la Pista?; ¿Sintieron alguna vez vergüenza ajena viendo a alguien menear su cuerpo como si fuera una batidora? ¿Ocurrió que esta persona bailaba aquel baile, el de ‘ma-yo-nesa… na-na-na-ná’?

Reconocemos, no sin algo de dolor en el propio amor propio, que en ocasiones fuimos de los que se lanzan a la pista como si se hubiera acabado el mundo; otras hemos sido los desencadenantes de una conga; e, inevitablemente algunas veces hicimos que nuestros amigos dejaran de serlo una noche, sí, después de avergonzarlos con nuestros devaneos al son de la música: en un puro despropósito, amos.

Por eso, asumir los errores es de sabios, aunque nosotros seamos unos aprendices de todo y unos maestrillos de nada. Pero esta sería la canción que bailaríamos hoy. Mañana ya tocará otra Sam, que para eso está.
Les dejo con los –únicos, imprescindibles, inigualables y genuinos, puesto que no ha habido nadie que hiciera gritar taaanto a las niñas con unas letras tan… tan de ellos, bueno sí, Alejandro Sanz, pero en otro estilo y con otras fanes- Hombres G y su 'himno oficial':
“Dejad que las niñas se acerquen a mí”.
Vaya declaración de principios, me río yo del código de honor de la OTAN y de las leyes que rigen el planeta, esto sí que es un lema y lo demás es tontería.

Ahí lo llevan, no coarten a sus pies si ven que el dedito gordo empieza a marcar su ritmo...

sábado, 18 de abril de 2009

¿Quién ha sido?

(¿... Seré yo?)*

Pío, pío. Que yo no he sío.

De verdad, pudiera parecerlo, pero no fui yo.
Fue la otra: predecesora del cataclismo,
antecesora del caos.

Al contrario que una misma,
que duda más que una sombra de duda;
Pregunto: ¿El Todo o La Nada?
Respondo: Como la muerte súbdita en el tenis.
Un ‘taibrek’ y me como un ‘Kit-Kat’.

Descansito en medio de la nada.
Cigarrito y espera un momento
que te ponga de los nervios.
Acercándome cuando todos vuelven
de ningún lugar, con ganas de simulacros.

Sin saber que la vida es el simulacro
que tenemos, ¿lo merecemos?
Hagan sus apuestas.

Mientras, espero al todo; y de todo.
Aunque, sólo te quedas y enmudeces
prestándome la nada salada.
Descafeinada nada.
Clara como el agua: Para nada.

Tampoco soy nadie si tratas de asustarme
Y apagas la luz de mi cuarto:
Habitáculo donde perderte de vista, baby.

¿Sabes?, sólo soplo entonces, cuando llega aquella:
la oscuridad pasajera,
cuando a mí me da por apagar velas.
Cada uno se consuela como quiere.

Velas que dejo encendidas para un ‘por si acaso’:
¿Y si llegara un ocaso al desaparecer la sombra de este día?
Día perfecto de sábado sin ‘sabadete’; ni perrito que te muerda.

Y me bese la oreja derecha, que nunca se queja,
porque no se aceptan reclamaciones
ni lágrimas que saben a sugus de piña.

Además, cuando me quedo a oscuras
saco una cerilla.
Que arde de maravilla, oyes.
Y me controla estas dudas,
reaviva un deseo: fugaz estrella brillante,
que se muere de ganas de decirte alguna verdad.

Pero esa que te la cuente la otra
-más cuentista que una misma-
Inconformista sí seré aunque no te empeñes en mi.

Y tranquila me quedaré, con la duda,
que no creo que duela ni escueza.
No es tan grande
Ni tan malvada como el Hada.

Rebota rebota: explota en la cara la nada.

Como el globo que nunca tuvimos
que siempre nos merecimos.
Cuando después del humo negro,

Tomas prestado el vacío
desapareces con el ánimo vago
entregado en La simple, pero Respuesta:
no estás ahí.

¿Estuviste alguna vez?
Pues no estaba esta una tampoco, ni mucho.

Porque te perdiste conmigo
aunque no fuera la precursora del hueco
que deja tu cuerpo; ni aquella ceniza en los ojos,
ni la mirada del adiós:
aunque le sobra tiempo para ser sincera.

A su manera te lo dice, al menos eso, el resto es puro teatro.
Como una misma. Igual a la otra que no soy ni seré.

Ni siquiera fui la razón de las llamaradas apagadas,
Ni el aleteo de la mariposa blanca:
Guardiana de las buenas nuevas.
Nada de eso fui.

Y todo lo demás*
te lo perdiste buscando a otra; que ya no me importa
porque no fui yo*, y tu la esperabas a ella,
y la confundiste conmigo.

***

P.D. Aprovecho para saludar a los fanes -que los tendrán a millones, y a los artistas: Xoel-Deluxe; Rebeca Jiménez; y el Triste, y su hermano chico, Amaro.

viernes, 3 de abril de 2009

Alguien que nos cuide*

N. de la T. de G. Queriditos, decidme vosotros el porqué, el cómo, el cuándo... ¿Será la respuesta correcta un 'Quizás'? '¡Pues, yo qué sé, a mi que me cuentas!', hubiera dicho La Ratita Presumida, si hubiera tenido una canción (*)
¿Por qué algunos necesitamos asistencia personalizada cuando -sin querer o porque no queremos, no distinguimos el dichoso letrerito verde, el que indica: 'EXIT/SALIDA DE EMERGENCIA' (Oasis del que NS/NC) ?

¿Por qué otros requieren un punto de apoyo para cambiar el mundo, o un simple punto de apoyo para comerse un bollo (?) ¿Por qué algunos quieren, a veces, irse tan lejos que se les olvide volver? ¿Será que estos últimos no quieren volver? ¿Será que lo que quieren es olvidar cómo se vuelve? ¿No quieren volver, entonces? Ay qué grán lio, pequeños míos, perdonénme la licencia que me tomo de liarles siempre la cabeza.

[Sólo nos queda preguntarnos: ¿Qué será será, whatever will be, will be? Ya lo dice la famosa cancioncilla. Ejem. Yo de pequeña quería ser bombera o arqueóloga, y me quedé en 'periodistilla listilla', y así nos va...]

Pues lo decimos bastante a menudo, pero así es: será lo que tenga que ser y ocurrirá cuando tenga que ocurrir; eso es lo único que tenemos claro desde esta nuestra humilde terapia de grupo, con esta poca experiencia de los 30 recién cumplidos.

Lo que venga tendrá que ser bienvenido, nos guste o no. Bienvenido: al igual que esas letras que adornan cualquier 'felpudo casero' que se precie de serlo. No se me fíen de un 'felpudo cualquiera' que no les diga bienvenidos, ah, y de cualquier persona humana que no se pida un buen postre después de comer de menú. Algo raro habrá ahí...

--------------------------------------------------------------

(*) Alguien que no sea muy bueno, que no sea muy malo y si me hace regalos que no le cuesten dinero. Alguien que cuide de mi, que quiera matarme y se mate por mi. Que no quiero más chulos que no traen un duro, ni tios muy feos con un 'gran empleo'; que no quiero borrachos ni locos de atar, ningún mamarrasho que me haga llorar. Ni chicos 'perdidos' buscando a mamá, ni tipos 'muy finos' que luego te la dan: Alguien que cuide de mí, que quiera matarme y se mate por mi... que parece que no se parece a ti.

Ahora, después de este 'extracto semi-codificado con clave de acceso' les dejo con la eterna sonrisa de Doris Day, que miren era super sabia y qué estilazo tenía con todo el glamour en lo alto: miren miren, mona monísima. Ella hacía 'la dichosa' preguntita, y ustedes me pinchan en el enlace de abajo que hoy parece que el youtube patrocina este espacio:

¿Qué será será?

Feliz Semana Santa a todos. Sean requetefelices 'ahí afuera'

¡Nos vemos a la vuelta!