Hazlo tú mismo.
N. de la T. ¿Ustedes también son de aquellos humanos que se reformulan viejos propósitos al empezar el nuevo curso?
Poniéndoles así ejemplos que se me ocurren de repente: ¿Aprender inglés; tocar la guitarra o las narices? ¿Apuntarse a un curso de informática para poco dotados – de la informática? ¿Entrenarse en el gimnasio y adelgazar esos impertinentes kilillos? ¿Dejar de fumarse aquellos pitillos?
¿O estrenan inquietudes como almas curiosas llevadas raudas por Wikipedia? Chiúuuuun.
¿Se aseguran bien de quitar el forro que envuelve sus miedos? ¿Intentan superarlos? ¿O dicen folclóricos internamente sin que se les note: ‘mieeedoooo, tengo mieeedoooo’? ¿Los superan los mieditos? ¿Se consideran personas responsables y capaces de alcanzar sus objetivos, sus anhelos: llamémoslos ‘X’s’?
(Ya está la pesada esta con las preguntitas: lo reconozco, también a mi me sacan de quicio estas mordaces autorreflexiones y me canso un poco de mi misma, pero con 30 años te acostumbras)
Pues para algo hemos vuelto, y si hemos vuelto ha sido para seguir formulando estas cuestiones indiscretas que fomentan el movimiento de sus neuronas, la sudoración de sus manos y, por supuesto, el chiqui chiqui de su cerebro.
Obvia decir que por nuestra parte la respuesta es cristalina y unánime: ni sí, ni no. Psssí. Lo mismo y como siempre: nos cuesta posicionarnos y no nos echamos a ningún lado. Nos mantenemos en un discreto segundo plano como la Reina Sofía, al tiempo que les ofrecemos el tratamiento exclusivo con el que cercenar antiguas cortapisas o renovados contratiempos. Limitaciones que tenemos porque no dejamos de ser personas humanas, algunas más humanas que otras.
Les propondremos El Manual de las Maneras de hacerse cargo de uno mismo y de sus circunstancias para acabar conquistando pequeñas metas o grandes retos. Todo es posible si ustedes quieren y ya pueden querer queridos. Créanmelo. Querer es creer y creer es poder. Uf. No les digo ná y se lo digo tó.
Las limitaciones terminan cuando apremia la necesidad: justo en el momento en que perdemos la paciencia.
Ciertas personas conviven con sus limitaciones. Se acostumbran a ellas como si se tratara de apósitos con los que hemos nacido. Imagínense que nacen con tres tetas. Pues, con eso tienen que vivir, con todas ellas. Forman parte de ustedes las tres tetas. Así es la vida.
Las asumen de la misma manera que algunos sabemos que nunca tendremos los ojos azules o seremos pelirrojos; que no podremos pasar más de tres horas seguidas subidos a unos tacones esgrimiendo algún ápice de dignidad; y que por mucho que nos esforcemos en minimizar nuestra propia inutilidad jamás de los jamases conseguiremos ser hackers - si acaso nos descargaremos canciones sueltas en el emule y veremos alguna serie de moda.
Eso es así y hay leyes irrefutables del Mundo y de la Naturaleza Humana que confirman estas afirmaciones que les hago con expresiones tan vehementes. Es que hoy nos hemos amanecido vehementes.
¿En qué manos, sino en las nuestras, está la llave para aprender aquello que está velado a nuestra astucia? ¿Alguno se sabe el código secreto? Pues en la pregunta se encuentra la respuesta queriditos saltamontes: La llave está en nosotros mismos. Esto cada vez se parece más a Coelho y nos estamos como yendo de nuestra propia personalidad. Fuera filósofos peseteros. A la mierda.
Pasémonos a la metáfora del atleta, que es bastante más descriptiva: El impulso. El salto. El Jaaaarl; no puedorl; que me tiro mapachito y no hay quien me pare.
Ya que, si otros son los que nos impulsan podemos acabar con las narices estrelladas en el asfalto, dando un espectáculo muy grotesco que no beneficia a ningún espectador con afanes mismamente estéticos.
Pero imaginen que, por casualidad, no son otros son los que nos elevan para dar el gran salto y nos subimos a un trampolín, pues puede que nos caigamos porque nos hemos pasado de altura con el impulsaco, o porque el saltito con el que subimos ha sido tan pequeño que no llegamos a ningún sitio y podemos tropezar y resbalar y caer, en menor medida, con las narices estrelladas en el asfalto.
Así que: salten ustedes solitos y tomen su propio impulso. Déjense de ayuditas que ya tenemos todos pelillos donde tienen que estar a estas edades los pelillos. En sus sitios concretos. A ver si nos dejamos de milongas y menos pucheritos. Se lo digo por su bien.
Ejercicios para la próxima sesión de esta Terapia:
1. Hagan una lista con varias, todas, o alguna de sus limitaciones.
2. Céntrense en cuáles de ellas son superables, cuáles probablemente superables y cuáles de ellas del todo imposibles de superar. Tachen estas últimas.
3. Trabajen con 3 de ellas. Las altamente superables. Asúmanlas y piensen en los aspectos positivos que derivarían de la superación de las mismas. Visualicen finalmente el momento de la superación.
*Repitan conmigo: Vamos a superarlo. Lo haremos y después nos alegraremos y seremos mejores personas. Eso es. Repitan varias veces. Tampoco se cansen. Noten como la luz entra en sus mentes. Prescindan de impulsos externos y acomódense en sus propios muelles internos. El saltito está llegando, perciben lentamente ese impulso. Chás.
En la próxima sesión seguiremos dando pautas.
P.D. Tengo 30 años y medio. No tengo carné de conducir. Vamos, me da miedo montar hasta en las bicicletas grandes, a las que no llego a pedalear. Y ya va siendo hora hija mía con la edad que tienes, me dice Madre de servidora, que es un carné de nada que ya te has sacado una carrera. Por mis narices que me lo saco. La Unión hace la Fuerza. Ay. No me abandonen.
