jueves, 11 de septiembre de 2008

Joía vuelta al cole

Léase enfurruñado, pero contento.
O lo que es lo mismo: ¿conocen esa copla de 'cómo me jode la vuelta al cole'?
Pues, eso.
Miren, a mí, en aquellos días, me encantaba el olor del forro protector de los libros que aumentarían las dudas sobre el mundo y sus motivos; disfrutaba con la inercia especial de aquel instante en el que envolver conocimientos como caramelos, una práctica que poseía todos los ingredientes para pasarlo bien.
Forrar los libros. Un ritual cuidadosamente manual y renovado año tras año, en la época mágica que los septiembres seguían formando parte de un verano inacabado. Perenne. Inagotable. Porque entonces, aunque no lo supiéramos entonces, y tan sólo lo intuyamos ahora, siempre era verano.
Regresan los recuerdos y las ganas de estrenar lápices de colores; pintar y colorear todo lo que nos saliera al paso, sin temor a equivocarnos, a ensuciarnos o descubrir nuevos tonos; sombrear, perfilar, y poder borrar cuando nos apeteciera.
De este modo, repaso mentalmente la perfección con la que pretendían unirse las esquinas del envoltorio plastificado, que se adaptaba como una segunda piel a las tapas que cubrían las páginas, para subrayarlas más tarde; o que se dibujarían y colorearían, primero con flores o muñecos enormes. Garabatos incomprensibles, que terminarían transformándose, escondidos en esquinas recónditas, en esos corazones encantados, con nombres que ya no se repetirían el curso siguiente, y que desaparecerían dejando una estela de suspiros, convertidos en otros, para volver a llenar nuevas páginas de nuestra historia.
Después de este flash, sigo. La depresión post vacaciones, existe. Créanme, queridos. Mucho rollo de recuerdos, pero la tengo en todo lo alto, y esta vez es adulta, los síntomas coinciden, y resulta perceptiblemente desagradable a todos los efectos. Una birria, vaya. De mírenme y no me tosan. Tanto que me hace mirar mal al prójimo, desconocidos incluidos, con eso ya les he dicho todo. Con lo que es una de pizpireta y salada.

Les confieso que, si ustedes tienen la ventaja de haber dado esquinazo al puñetero síndrome de la hamaca que ya no se tiene, me congratulo deportivamente. Si ya lo superaron, reciban mis sinceras y afectuosas felicitaciones. Será porque yo he recién llegado y no me hago cargo. Ya que, mientras ustedes han hecho los deberes, han regresado, y se les ha pasado el sofocón, a la que redacta le persigue un reguero de lagrimones silenciosos, que salen invariablemente de los ojos y se preguntan por qué. Qué esta pasando, está pasando. Qué he hecho mal.
Nada, que sólo se acaba el verano, no el mundo, que a veces nos ponemos muy quisquillosos. Pues esa debe ser la actitud.
Que, ¿qué me pasa?, dirán. La joía vuelta, digo yo, que este curso creo que cambiamos de colegio a la niña ...

Keep on writting …

Y esta canción que sigue, aclaro desde ya que la escribo porque me apetece. Así es. Hacemos un dos por uno de lo más animado. Que aunque una esté aquí menos que un estreñido en un cuarto de baño, este sigue siendo mi blog. Las cosas como son, otra cosa ya es cómo se las cuente. En fín, siento la autocomparación con los estreñidos, y desde aquí envío un saludo cordial a los que pudieran sentirse aludidos. Esta canción es para ellos, y para todos. Tiene efectos beneficiosos, y si pinchan, hasta pueden ver el vídeo. Cómo es Xoel.
Espero que les guste. Sólo podía llamarse Rostro de actriz, claro.

Hay una trampa en cada cosa que dices
y mariposas que no nos dejan ver más allá.
Hay una puerta en tu rostro de actriz,
se desdice el profeta para poder entrar,
cuando suenan las campanas y entran los rayos del sol.
Cada vez que abres la puerta y desempañas el cristal.
Querremos volver a puerto una vez en alta mar.

En la calle hablan los ingenuos
y sé que otros callan por no decir la verdad.
A veces cuando parece sencillo, te sientes tan cerca
que el miedo no te deja entrar.
Cuando suenan las campanas y entran los rayos del sol.
Cada vez que abres la puerta y desempañas el cristal.
Querremos volver a puerto una vez en alta mar.

Hay una trampa en tu rostro de actriz,
se desdice el profeta para poder entrar.
Cuando suenan las campanas y entran los rayos del sol.
Cada vez que abres la puerta y desempañas el cristal.
Querremos volver a puerto una vez en alta mar.
Cada vez que abres la puerta y desempañas el cristal.

Ains, Deluxe.

jueves, 4 de septiembre de 2008

¿Es verdad?

Es verdad, que sólo eres la estela de mis planes buenos.
Tan sólo las ruinas de un palacio viejo. Es verdad.
Tan sólo las flores de un jardín desierto. Es verdad.
Tan sólo los peces de un estanque seco. Es verdad.

Es verdad, que no eres ni la pena ni el dolor, ni el frío.
Ya no eres ni la duda de un posible encuentro, es verdad.
Tan sólo las cenizas de quererlo todo.
Es verdad, tan sólo los residuos de un dolor perdido.

Tan sólo los residuos de un dolor perdido.

Es verdad, tan sólo los residuos de no tener nada. Es verdad.
Tan sólo las cenizas de un pequeño incendio. Es verdad.
Tan solo las ganas de creer en todo, es verdad.
Tan sólo el eco de no tener nada.
Tan sólo los residuos de quererlo todo.

Es verdad, ya no eres ni los posos de esta gran botella.
Ya no eres ni el rencor ni el temor ni la huella. Es verdad.
Tan sólo eres el polvo de un salón vacio, es verdad.
Tan sólo el silbido de aquel viento frío.

¿Es verdad?

Es verdad, tan sólo eres la estela de mis planes buenos.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Es lo que hay

Esta terapia es un poco para risa. Empezamos hoy, tras este laaargo paréntesis, con una dosis alta del autodrama que fascina a la que escribe. Ya saben. Imaginen. Lo de siempre.
Un día se les ocurre la feliz ocurrencia de comenzar escribiendo algo. Eso no hace mal a nadie, y menos cuando la intención es la de resultar ser de ayuda, en la medida de las posibilidades de esta escuchante innata, y siempre que ustedes se encuentren en la disposición de ser auxiliados por alguien, rescatados de lo que sea. Pero claro, puede acabar saliéndonos el tiro por la culata. Bueno, peor sería levantarse con la feliz idea de volarle los sesos al primero con el que nos crucemos, y ese no es buen plan. Por el momento, descartaremos esos pensamientos y nos centraremos.
Es por eso que, desde esta almena privilegiada, lo recomendamos: siempre es mucho mejor escribir, para quitarse la espinita que tengan, o la zozobra, y después ya se verá si tiene remedio el resto. Y el resto, traducido a un blog, a lo que viene siendo un minicuaderno de bitácora, es que no siempre se puede escribir, o no se puede demasiado, o cuando se puede es que no hay nada que contar. Luego, también está la pereza, que es tan mala como para que pueda ser un pecado. Pero es así, si te entra, te entra. Y si te pilla... lo que debiera traducirse en actualizaciones, en intentar contar despropósitos nacidos en una servilleta: se convierte en la Nada.
Y nada, nadando.
El verano aún no se acaba, y está siendo intenso, con un resultado tan sorprendente como alentador. No sabemos que pasará cuando llegue el otoño, pero este año, el verano se despedirá como una ola. Y olé.
Seguiremos informando.
Y disculpen las molestias, queda todavía un poco para empezar la Nueva temporada. En próximos episodios, el resumen de lo acontecido. Todavía estamos trabajando en ello. Es que no saben como cansa.
Gracias por su comprensión.

jueves, 7 de agosto de 2008

Un espacio propio

Todos necesitamos a veces un sitio, pero sólo nuestro. Un lugar que nos pertenezca en exclusiva, aunque sea por un pequeño lapso de tiempo. En el que tengamos todo el tiempo del mundo, que es el más caro y desconocido, para utilizarlo cuando lo precisemos. Como si ese fuera el único rincón del planeta en el que pudiéramos ser nosotros mismos, donde desconectarnos del todo y de todos. Y hacia el que desearíamos escapar a veces, o incluso donde escondernos siempre. En el que hacernos invisibles, justo en el momento que los demás encuentran para poder buscarnos. Y no querer que lo hagan. Y escapar, sólo escapar.

Ahora respira. Estás aquí. Siente el aire entrando por los pulmones. Inhala la tranquilidad que te brinda la nada, y quédate suspendido en el vacío inerme. Nadie escucha, no prestan atención a tus pasos, esos que te devuelven al lugar donde empieza todo, en el que al final no acaba pasando nada. El murmullo del viento es el que te recuerda que no estás tan solo, te dice que te quedes esperando sin prisa. Que sólo necesitas dar con el instante que te devuelva la calma, que te haga recrearte en lo que perdiste, y en lo que acabas de encontrar por casualidad. Hasta que caigas en la cuenta de que era lo que llevabas tanto tiempo buscando a ciegas.

Regresas lentamente a una estancia refrescante y diáfana. A la que se entra por un desvío con claridad frondosa, y en el que te encuentras agua, y hierba recién cortada acariciando tus pies. Un paraje en el que volver a respirar, llenado de nuevo los pulmones.

Muchas veces, se trata de una esquina oscura, en la que acabar cuando algunas lágrimas nos obligan a salir corriendo. Otras, se convierte en el espacio que nos insufla aquel oxígeno renovado, el que se respira en un refugio improvisado pero crucial. El que tendremos para acurrucarnos, y que nos servirá después, para estirar los brazos, cuando pase este extraño vendaval. Ya que,
No siempre damos con él.

Y aunque podríamos continuar siempre en su búsqueda, merece la pena el camino que recorreremos.

Porque ese espacio propio llegará cuando más lo necesitemos.

A pesar de que, escapar hacia él respirando aire que no nos pertenece, no será la posible solución en el mapa del tesoro.

Puesto que, en la vida no siempre tendremos el comodín de la llamada,

y quizás nunca nos atreveremos a utilizarlo.

Pero, es mejor no quedarse con las ganas.
Antes que esperar esa llamada perdida.

martes, 10 de junio de 2008

Un día es un día

Una revelación y otras manifestaciones del destino

Esta tarde me ha sido revelada una verdad: junto con otras manifestaciones del destino, para ser más exactos. Ahora, me encuentro en la dicotomía de ser la encargada de informarles del asunto, de tener que propagar al mundo unas cuestiones embarazosas, y no por ello sucumbir lapidada en el intento. No me dirán que no es chungo el tema. Pero cada uno que haga lo que estime conveniente. Y recuerden, automedíquense solo en presencia de su farmacéutico amigo.

Empecemos cuanto antes, para quitarme este peso de encima. Últimamente, ando enfrascada ‘un poco’ en la vorágine laboral que me absorberá a partir de julio, con traslado incluido, como lo hice el año pasado. Me encuentro ‘pelín’ agobiada, pero al tiempo, lenta de reflejos, y cansada en general. Será la abstemia de una primavera inexistente, o este incipiente verano lluvioso ‘tocapelotas’. Será que los paraguas se han convertido en compañeros incómodos y las ‘katiuskas’ en la sensación de la temporada. Será que llevo varios días teniendo un ‘este no es el día’, y como diría aquel, así sucesivamente.

Serán las noticias que llenan los informativos. Será que estamos al borde del colapso, del estado de sitio: reunidos los gabinetes de crisis y elucubrando los mandamases las soluciones urgentes. Será que nos quedamos sin abastecimiento de alimentos frescos, ni aire limpio; que los camioneros exigen sus derechos con retenciones, que los piquetes sortean a los coches y alguno no puede escapar de la muerte cuando se congela la huelga. Será que todo tiene un límite. Tiene que ser.

Será que mientras esto ocurre, el país queda paralizado por un partido de fútbol. Será que las penas con balones son menos, será que nos une como hermanos gritar al unísono y tocar el claxon, será que somos todos tontos, ¿será que me he vuelto una ‘talibán’? ¿Qué será, será? Después de que la selección le marcara 4 goles a quien fuese, y yo hubiera escuchado voces sin saber muy bien a qué se debían, salí del trabajo con la sensación de que me había perdido algo (esto suele sucederme a veces, perderme algo, no escuchar voces) Que había ganado España. Pues que bien. ¿Felicidades?

En medio de la felicidad general, me iba tan tranquila, pero pasito a pasito ligero, por las calles. En esta que veo un preludio de la Revelación. Traducido en una tienda que vendría a tener unos 10 metros. Con un folio escrito a mano (a mano chunga) en el cristal del escaparate, que rezaba de esta forma: 3 LIBROS 1€. Mis ojos hicieron ‘totoon-totoin’, y claro, allí me planté y en tu tienda me colé. Del escaparate, destacar ‘vasijas anteriores a la guerra de Independencia’, y otros tesoros. Ahora pueden dejar de leer, estimados lectores, cuando hayan caído en la cuenta de que la Revelación sólo la compromete a una, y no les facilita nada a los demás. Revelación personal, si quieren llamarla. Pero qué vamos a hacer, siempre pueden seguir leyendo, y jugar con su destino. Nada mejor que perderse en una tienda de libros con más años que una misma. Eso deberían hacerlo todos: no saben como sube la moral.

En el momento de incursión en la cueva de la sabiduría, había dos ancianos venerables ojeando incunables y otros textos. Uno de ellos se ha llevado casi media obra completa de Julio Verne y alguno de Jack London, nueve volúmenes en total. Del ambiente que había, podría decir que lo que allí se respiraba era saber, pero es que había muchísimo polvo (menos mal que no soy alérgica) La sensación de poder romper algo a cada paso crecía proporcionalmente a mis expectativas sobre los ejemplares que seleccionaría, como una barra libre de libros (un poco viejos)

Los elegidos han sido, en orden de aparición o porque así lo quiso el destino: por 2€

Crimen y castigo (Fedor Dostoievski)
Congreso en Estocolmo (José Luis Sampedro)
Charles Chaplin. El genio del cine (Manuel Villegas López)
Elogio de la imperfección (Rita Levi-Montalcini)
(Los últimos me los ha facilitado la chica de la librería, dejándose llevar, sospecho, por su intuición)
La abadesa de Castro (Sthendal)
Romeo y Julieta (W. Shakespeare)

Me pregunto, ¿creen en el destino?. La Revelación aclara que hay vida después de la Selección.
Ya está, y esta entrada, más el rollo adyacente, es porque me gusta leer, y al final he terminado el día contenta.
Gracias por su comprensión. A veces esta terapia puede ser un poco timo.. I know