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domingo, 11 de octubre de 2009

Hasta el final

La noche en la que fuimos a ver a Coque Malla...

N. de la T. Váyanse ustedes de concierto directitos. Háganme caso... que para una vez que tengo la razón... De este modo eliminarán el estrés y muchiisimas toxinas; y al fin y al cabo, fomentarán la segregación de endorfinas: esas 'cositas buenas buenas' que te suben el ánimo, te entonan y te dan 'calorcito' cuando más fresquito estás por dentro... Ya, no se me pongan 'nerviositos': Al lío -'amoallá', que decimos por el suroeste peninsular al tiempo que nos 'arremangamos'
Pues nada, la noche que fuimos a ver a Coque Malla acabamos viendo a 'Los Otros', que por cierto se llamaban Los Coronas: Unos señores músicos que probablemente conocen 'aquí allá y en la China populá', pero que a mi -por mu de 'entendidadadelavida' que vaya.. no me sonaban de ná. Pero qué vamos a hacer, no se puede tener de tó... ¿no?
Ocurrió que hubo un fallo en la comunicación y un exceso de euforia, las cosas como son.
Al final nos plantamos en un concierto de unos tipos de los que jamás habíamos oído hablar. No sonaban mal esa es la verdad, sonaban muy bien - pero una vez que te has hecho a la idea de que vas a ver a Coque, choca un poco que de repente aparezcan cinco tipos de negro todos uniformados como Men in black en el escenario, con sombreros blancos de cowboy que tocan música instrumental con ritmos de ayer, hoy y siempre.
Pues nada que ver con lo que íbamos a ver. A ver: ¿un solista molón frente a una banda de las de toda la vida vestidos como cucarachas con sombrerico? Las comparaciones son odiosas, ya lo sé... pero no se parecían en nada, como un huevo a una castaña pilonga, vamos... Pero lo importante es ir al concierto ¿no?, porque a veces hay que ir a uno 'al boleo' para saber si te gusta la 'música', el 'son' que tocan... esas cosas.
Pero después (menos mal que ya nos enteramos bien otro día y contuvimos un poco la euforia)Dos días más tarde, efectivamente, sí tocaba Coque. Ahí que nos plantamos y en su concierto nos colamos, previo pago de la entrada para el acústico por el módico precio de doce euros.

Ay Coque Coque, tan pequeño (tan peludo, pero menos que Platero) tan tardón que estuvo casi una hora y media haciéndose de rogar el mamón, pero qué mono, qué salao, que entrega, qué majo. La sala llena, las manos y las cabezas preparadas para aplaudirle, para chocarse entre nosotros, para contonearnos y mecernos al ritmo de sus suaves canciones en solitario; que dan ganas hasta de quererlo un poco, tan chiquinino, tan salao, tan artistaco.

Sobre el escenario se creció al lado de Nico Nieto, que también era un artistazo - muy músico, muy alto y guapo y cool. Y todos allí disfrutando de lo lindo, mirando a los alrededores, observando las reacciones del público entregado y disfrutando de la música, que es lo que se intenta hacer en todos los conciertos.

La verdad es que tenía muchas ganas de verlo y no defraudó mis expectativas. Me gustaron las letras, sencillas y contundentes, las músicas que recuerdan a algo, pero que son de Coque, el grito que le sale de dentro cuando termina alguna de las canciones. Nos confesó que le gustaba mucho venir a tocar a Badajoz y entonces ahí ya todas las fanes babeando, encantadas de la vida y de ser de Badajoz y de estar ahí viéndolo a él, tan achuchable como una barriguita.

Como en todos los conciertos al principio se hace un poco difícil encontrar tu sitio. Sobre todo si no es una sala demasiado grande y todos quieren ponerse en primera fila; y si es su caso, como el mío, que por estas cosas de la herencia, la altura no es una de las cualidades que te ha obsequiado la naturaleza, o la genética. Pero lo vi de frente, lo observé durante todo el concierto y constaté una evidencia basada en hechos reales... Bueno, cuando me pongo tan repelente como el niño Vicente me da hasta miedito oigan...
El caso es que cualquier persona que se suba a un escenario, preferiblemente hombre, adquiere para servidora un halo de misterio y de atracción que no puede controlar. Se escapa de mi propio entendimiento, traspasa los límites de lo conocido - a exagerá no me gana nadie, que esto ya está sonando a expediente X... vaya tela con la niña.

Conciertos, hablábamos de conciertos. Para mi ir a uno es tan especial como comerte un brownie hecho por tu madre. Es como que se materializa un sueño, como que te dedican todas las canciones y tú estas en medio de un montón de gente, pero sientes que las canciones te las están cantando al oído. Así escrito suena un poco raro, lo sé, tendrían que estar en mis carnes para poder entender bien la sensación que les intento transmitir.
Pero, cómo molan los conciertos: tocar las palmas y soportar los empujones de la gente que va y viene del baño. Cómo me gusta la música en directo, saberme las canciones y quedarme ronca en los bises. O no saberme ni una y descubrirlas por primera vez. Y gritar, y dejarte llevar con Coque al fin del mundo...
Hasta el final esperen a que se cargue la página y suban el volumen, merece la pena, se lo digo yo que soy 'una prisiña' y me cuesta hasta quedarme parada mientras espero el autobús...

sábado, 10 de octubre de 2009

The Rovishowman

Dani Rovira: The Rovishowman
Asistir a un espectáculo como el que interpreta Dani Rovira en las casi dos horas en las que se enfrenta al público es impagable. El actor desgrana en un trepidante monólogo las cosas que le pasan, se pregunta también por qué coño le pasan a él y reflexiona acerca de lo humano y lo divino: la infancia, el amor, sus contradictorios progenitores y sus andanzas por la vida. La gracia es que habla como si fuera un amigo de toda la vida que, entre confidencias, susurros y gestitos, te hace partirte de risa al tiempo que le suplicarías que no parara de contarte más anécdotas.

Empatía, simpatía, generosidad y mucho, mucho arte. Altas dosis de auto conocimiento, quizás de acostumbramiento a uno mismo. Un sentido del humor inteligente y rápido, tan rápido que si no estás al tanto cuando su verborrea empieza a brotar no te acuerdas de dónde venía toda la historia. Es lo que presenciamos los espectadores que abarrotábamos la Sala Aftasí de Badajoz el pasado viernes 2 de octubre a partir de las 12. Era la segunda sesión y Dani ya había tenido su estreno, pero estaba el tío fresco como una lechuga.

D. Rovira habla, respira, habla, no respira y habla. Gesticula, cambia de voz, transforma su cuerpo con imposibles movimientos y te metes en otro personaje que tampoco para de hablar. No se cansa nunca su cabeza de desgranar sucesos cotidianos, pequeñas situaciones que sin poderse dominar dan paso a la risa natural y después a la carcajada. En este show no hay nada de risillas de bote, ni de sonrisas enlatadas. Hila frases con sentido y atina como el que apunta directo y seguro de alcanzar el objetivo: los aplausos que no pueden contenerse porque los que presenciamos esa fiesta, no podemos menos que agradecerle de algún modo lo que nos está haciendo pasar. Y es que el tío hace que te lo pases muy bien. Se te quita ese dolor de cabeza, se te olvida que no tienes saldo en el móvil y que probablemente mañana no podrás salir porque no te queda dinero en la cuenta. Con Dani se les olvida la crisis, con eso ya les he dicho todo.

Alma de payaso en una cabeza prodigiosa que improvisa sola. Confiesa que siempre sabe el monólogo con el que afrontará su actuación en una sala, pero desconoce qué tanto por ciento terminará improvisando. Pareciera que una y otra cosa, improvisación y ensayo, confluyan en una conversación que desearías que no acabara nunca. Pero Dani es humano, y necesita descansar, si no fuera por eso se habría quedado dando la nota hasta altas horas de la madrugada. Porque estuvo sembrado y no se les escapó ningún detalle.

Juega con el público y bromea con él porque es consciente de su propio encanto. En el escenario se crece y ante el micrófono su voz cambia de registro como si se pusiera una nueva careta. No deja de sorprender y de engatusar al respetable, a las chicas, a los chicos, pero los respeta riéndose con y de ellos, haciéndoles partícipes de semejante juerga. Engancha, atrae, motiva a comentar las jugadas, los chistes que no se te van a olvidar. Te dan ganas, una vez que ha terminado, de darle un gran abrazo y decirle: Gracias amigo, gracias a ti hoy he sido libre.

En eso insiste Dani al final cuando se despide: “Si reir te da más años de vida, yo os haré inmortales”.

Me hacen el favor por favor de meterse en su página oficial y después comentamos si no se han partido en dos y les apetece verle en directo. Estará pronto en Madrid (13/10/2009) así que estén vivos y al loro, pasen la bola y vayan sacando las entradas, que es en la Joy Eslava y eso se peta de gente. Quedan avisados.