La noche en la que fuimos a ver a Coque Malla...
N. de la T. Váyanse ustedes de concierto directitos. Háganme caso... que para una vez que tengo la razón... De este modo eliminarán el estrés y muchiisimas toxinas; y al fin y al cabo, fomentarán la segregación de endorfinas: esas 'cositas buenas buenas' que te suben el ánimo, te entonan y te dan 'calorcito' cuando más fresquito estás por dentro... Ya, no se me pongan 'nerviositos': Al lío -'amoallá', que decimos por el suroeste peninsular al tiempo que nos 'arremangamos'
Pues nada, la noche que fuimos a ver a Coque Malla acabamos viendo a 'Los Otros', que por cierto se llamaban Los Coronas: Unos señores músicos que probablemente conocen 'aquí allá y en la China populá', pero que a mi -por mu de 'entendidadadelavida' que vaya.. no me sonaban de ná. Pero qué vamos a hacer, no se puede tener de tó... ¿no?
Ocurrió que hubo un fallo en la comunicación y un exceso de euforia, las cosas como son.
Al final nos plantamos en un concierto de unos tipos de los que jamás habíamos oído hablar. No sonaban mal esa es la verdad, sonaban muy bien - pero una vez que te has hecho a la idea de que vas a ver a Coque, choca un poco que de repente aparezcan cinco tipos de negro todos uniformados como Men in black en el escenario, con sombreros blancos de cowboy que tocan música instrumental con ritmos de ayer, hoy y siempre.
Pues nada que ver con lo que íbamos a ver. A ver: ¿un solista molón frente a una banda de las de toda la vida vestidos como cucarachas con sombrerico? Las comparaciones son odiosas, ya lo sé... pero no se parecían en nada, como un huevo a una castaña pilonga, vamos... Pero lo importante es ir al concierto ¿no?, porque a veces hay que ir a uno 'al boleo' para saber si te gusta la 'música', el 'son' que tocan... esas cosas.
Pero después (menos mal que ya nos enteramos bien otro día y contuvimos un poco la euforia)Dos días más tarde, efectivamente, sí tocaba Coque. Ahí que nos plantamos y en su concierto nos colamos, previo pago de la entrada para el acústico por el módico precio de doce euros.
Ay Coque Coque, tan pequeño (tan peludo, pero menos que Platero) tan tardón que estuvo casi una hora y media haciéndose de rogar el mamón, pero qué mono, qué salao, que entrega, qué majo. La sala llena, las manos y las cabezas preparadas para aplaudirle, para chocarse entre nosotros, para contonearnos y mecernos al ritmo de sus suaves canciones en solitario; que dan ganas hasta de quererlo un poco, tan chiquinino, tan salao, tan artistaco.
Sobre el escenario se creció al lado de Nico Nieto, que también era un artistazo - muy músico, muy alto y guapo y cool. Y todos allí disfrutando de lo lindo, mirando a los alrededores, observando las reacciones del público entregado y disfrutando de la música, que es lo que se intenta hacer en todos los conciertos.
La verdad es que tenía muchas ganas de verlo y no defraudó mis expectativas. Me gustaron las letras, sencillas y contundentes, las músicas que recuerdan a algo, pero que son de Coque, el grito que le sale de dentro cuando termina alguna de las canciones. Nos confesó que le gustaba mucho venir a tocar a Badajoz y entonces ahí ya todas las fanes babeando, encantadas de la vida y de ser de Badajoz y de estar ahí viéndolo a él, tan achuchable como una barriguita.
Como en todos los conciertos al principio se hace un poco difícil encontrar tu sitio. Sobre todo si no es una sala demasiado grande y todos quieren ponerse en primera fila; y si es su caso, como el mío, que por estas cosas de la herencia, la altura no es una de las cualidades que te ha obsequiado la naturaleza, o la genética. Pero lo vi de frente, lo observé durante todo el concierto y constaté una evidencia basada en hechos reales... Bueno, cuando me pongo tan repelente como el niño Vicente me da hasta miedito oigan...
Sobre el escenario se creció al lado de Nico Nieto, que también era un artistazo - muy músico, muy alto y guapo y cool. Y todos allí disfrutando de lo lindo, mirando a los alrededores, observando las reacciones del público entregado y disfrutando de la música, que es lo que se intenta hacer en todos los conciertos.
La verdad es que tenía muchas ganas de verlo y no defraudó mis expectativas. Me gustaron las letras, sencillas y contundentes, las músicas que recuerdan a algo, pero que son de Coque, el grito que le sale de dentro cuando termina alguna de las canciones. Nos confesó que le gustaba mucho venir a tocar a Badajoz y entonces ahí ya todas las fanes babeando, encantadas de la vida y de ser de Badajoz y de estar ahí viéndolo a él, tan achuchable como una barriguita.
Como en todos los conciertos al principio se hace un poco difícil encontrar tu sitio. Sobre todo si no es una sala demasiado grande y todos quieren ponerse en primera fila; y si es su caso, como el mío, que por estas cosas de la herencia, la altura no es una de las cualidades que te ha obsequiado la naturaleza, o la genética. Pero lo vi de frente, lo observé durante todo el concierto y constaté una evidencia basada en hechos reales... Bueno, cuando me pongo tan repelente como el niño Vicente me da hasta miedito oigan...
El caso es que cualquier persona que se suba a un escenario, preferiblemente hombre, adquiere para servidora un halo de misterio y de atracción que no puede controlar. Se escapa de mi propio entendimiento, traspasa los límites de lo conocido - a exagerá no me gana nadie, que esto ya está sonando a expediente X... vaya tela con la niña.
Conciertos, hablábamos de conciertos. Para mi ir a uno es tan especial como comerte un brownie hecho por tu madre. Es como que se materializa un sueño, como que te dedican todas las canciones y tú estas en medio de un montón de gente, pero sientes que las canciones te las están cantando al oído. Así escrito suena un poco raro, lo sé, tendrían que estar en mis carnes para poder entender bien la sensación que les intento transmitir.
Conciertos, hablábamos de conciertos. Para mi ir a uno es tan especial como comerte un brownie hecho por tu madre. Es como que se materializa un sueño, como que te dedican todas las canciones y tú estas en medio de un montón de gente, pero sientes que las canciones te las están cantando al oído. Así escrito suena un poco raro, lo sé, tendrían que estar en mis carnes para poder entender bien la sensación que les intento transmitir.
Pero, cómo molan los conciertos: tocar las palmas y soportar los empujones de la gente que va y viene del baño. Cómo me gusta la música en directo, saberme las canciones y quedarme ronca en los bises. O no saberme ni una y descubrirlas por primera vez. Y gritar, y dejarte llevar con Coque al fin del mundo...
Hasta el final esperen a que se cargue la página y suban el volumen, merece la pena, se lo digo yo que soy 'una prisiña' y me cuesta hasta quedarme parada mientras espero el autobús...
