miércoles, 18 de agosto de 2010

Y yo sigo aqui...

Estamos vivos. Stop. No se me mosqueen. Stop. Fuera esos bufidos, venga. Stop. Estamos de vacaciones de verdad. Stop. Habrá fotos, historias, risas. Stop. Lo importante siempre fue volver. Stop. Y con ilusión se empezó hasta El Paraíso, ese que deberíamos tener todos. Stop. Para que sea más bonito regresar. Stop. Me pongo nerviosa y tó. Stop. Esas son las ganas por volver. Stop. Sean felices y quítenme esas caras de tontos. Stop. Les veo por un agujerito. Stop. Ya hablaremos. Stop. Salgo del modo telegrama. Stop. Hasta la vista babys. Stop. Disfruten todo el rato del verano que se acaba. Stop. Les dejo con D. Quique González.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Confesiones de una peatona

N. de la T. Como recordarán por episodios anteriores, nos hicimos el firme propósito de superar ciertas limitaciones en este curso que empezaba. Se trataba de vencer los pequeños obstáculos impuestos por la propia inutilidad de servidora; logrando así un requisito indispensable para enfrentarse –motorizadamente- a estos tiempos modernos y chungos que nos ha tocado vivir.

Con la que está cayendo, no me negarán que casi mejor tener el carnet del coche para poder escapar vía ‘carretera y manta’ a Brunete, San Chinarro o Pernambuco, según sea el caso y la circunstancia; que siempre llegaremos más rápido a nuestro destino que 'al trote cochinero' al que nos tenía acostumbrados la Querida Dehesa.

Guiada por esta enorme suspicacia y espíritu crítico, antes de iniciar los trámites de una matrícula cualquiera decidí formarme una idea de la situación general, e hice un riguroso estudio de mercado sopesando ofertas para esta descabellada demanda: sentarme en un automóvil sin que me temblaran hasta las pestañas.

En realidad el estudio fue muy riguroso, pero he de admitir que también fue muy breve. Me adentré ilusionada en una autoescuela de provincias y comprobé patidifusa con los ojos en blanco que el precio medio del carnet doblaba el precio de cualquier autoescuela en Madrid. Así que di las gracias educadamente a la señorita que me atendía tan atenta y, como ocurre en estos casos, prometí volver pasados unos días para dar una respuesta definitiva pero no lo hice: me salió infinitamente más rentable coger un autobús hacia la capital y probar suerte allí, emulando al intrépido Paco Martínez Soria, aunque sin ajustarme tanto la boina porque me hacía un poco de daño en las orejicas.

Ya en Madrid parecía que la suerte estaba de mi lado. Al salir del metro, varias personas muy agradables e insistentes me dieron papelillos de colores, mientras servidora les agradecía el detalle y los cogía todos. Después de leerlos detenidamente y descartar aquellos que consistían en ofertas de aparatos para la sordera o rebajas en muebles de oficina, uno de ellos llamó poderosamente mi atención:

AUTOESCUELA TADEO: CON NOSOTROS YA NADA ES IMPOSIBLE.
30€ MATRICULA + 10 CLASES PRÁCTICAS + 10 CLASES DE MANIOBRAS.
CURSOS INTENSIVOS DE 10 DÍAS. GRUPOS LIMITADOS.

Desde luego, como es la publicidad. Cualquiera dice que no a este reclamo, imaginen mi alegría y alboroto, tan grande era que no tardé ni diez minutos en llegar a la autoescuela. Allí otra señorita, superada en este caso concreto por el estrés de la gran ciudad y por la gran demanda de personas que habían acudido a la llamada del ahorro, me atendió entre bufidos y resoplos y me informó en minuto y medio de la oferta que anunciaba el papelillo de color amarillo.

No es que ella fuera demasiado convincente, ni que yo me enterara demasiado bien de las explicaciones que me brindaba -al tiempo que contestaba al teléfono y le gritaba a su compañera que le echara una mano- pero me aventuré, me lié la manta a la cabeza y me dispuse a apuntarme… hasta que se me ocurrió preguntar por el ‘Curso intensivo de 10 días para el teórico’.

Me miró como diciendo ‘¿Estás segura segura, o me vas a hacer perder el valioso tiempo del que no dispongo?’. Ante la ilusión contenida que mostraban mis desesperados ojos llorosos que le suplicaban ‘pero explícamelo despacito, por favor’, ella decidió hacerlo no sin antes observarme con cara de ‘como te suelte todo el rollo y después me digas que no te apuntas, vamos a tener más que palabras tú y yo’. Ain.

Enfrentó sus ojos a los míos y comenzó a hablarme en susurros ‘este curso es para personas que quieren sacarse el teórico en un tiempo récord’, empezó diciendo. Después, tomando mis manos, gesto que interpreté como que empezaba a sentirse un poco atraída por mi, continuó, ‘pero también es un curso intensivo para personas muy especiales’, ahí ya empecé a mosquearme mientras apartaba mis manos de las suyas, pero la tía no me soltaba y continuaba con un tonito un poquito sectario, ‘se trata de un grupo muy reducido de personas, un grupo de élite, de elegidos, que después de 10 días de clases con nosotros tienen asegurado el aprobado en el examen’.

Uy, esto sonaba ya raro. Al tiempo que servidora dejaba volar su desbordante imaginación y visualizaba ceremonias de iniciación en una secta para conductores noveles, con máscaras con una L blanca sobre fondo verde, ella me aseguraba que el éxito era de más del 80 por ciento. Vamos, que muy tonta tenía que ser para no aprobar. ‘¿Cuál es el truco?’, le pregunté intrigada. Dios, ¿tendría que desnudarme o confesar mis traumas infantiles, se enterarían mis compañeros de que no he tenido jamás una caries porque no sé a qué saben las chucherías? Los traumas de cada uno son los traumas de cada uno, oigan.

El truco, el quid, la respuesta correcta era simple y llana, y ella la verbalizó al tiempo que yo suspiré aliviadísima, dijo: ‘Estudiar, sólo vas a tener que estudiar como una perra, y decirme ya si sí o si no, porque mira toda la gente que está esperando y solo queda una plaza para el turno de mañana y dos para la tarde’. Uf.

Al final me he apuntado al grupo de elegidos en turno de mañana. De 9 a 14 horas. Cinco horas intensivas de explicaciones, definiciones y tests con menos de tres fallos porque si no me huelo que la profesora te coloca un cucurucho negro en la cabeza, o unas orejas de burro y te manda de rodillas a un rincón. Eso no lo sé seguro, pero se lo contaré pronto, si sobrevivo a la primera sesión del curso intensivo con el resto del grupo de conductores noveles de élite.

Mañana es el primer día. Deséenme suerte: alea jacta est.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Dónde quiera que estés, te espero Paco

N. de la T. Continuaremos donde dejamos la ‘trustory’ y finalizamos la entrega. Ya está bien. Después les entra el morbillo facilón y tenemos que seguir contando batallitas de borrachuzos que tampoco benefician a nadie en concreto.

Recuerden que cambiamos de bar pero mantuvimos nuestras expectativas. Al menos servidora se sentía como la reina de la noche, sin intenciones de querer ocupar ningún primer plano reservado a ese menester. Seguimos la conversación con estas dos personas que salieron de la pista, el Paco y el Davi, en el segundo garito. Nos acompañó parte de la pandillita basura farandulera y uno de ellos, que estaba ahí especialmente con la caña echada a ver si le caía algo y eso que se llevaba pal cuerpo, se unió a la charla a cuatro bandas.

La indescriptible conversación que mantuvimos aquel grupo fue de lo más inverosímil, valga la redundancia de la frase en sí misma. Hablamos de los Homo Sapiens; de la Crisis Mundial; del calentamiento del planeta; de los países exportadores de Petróleo; de las fronteras de la Unión Europea; de que la unión hace la fuerza y de los índices del paro, entre otras cosas. No sé, algo como muy poco de bar y de hablar a grito pelao a aquellas horas de la madrugada que eran las 4, que el cuerpo en vez de palabras lo que te pedía era otra cosa. Qué se yo. Salsa. Un movimiento sexy. Otra copa. Otro rollo.

Y hablando y hablando y hablando, pensé ‘qué pesadas son estas personas, cómo hablan todo el rato’, y le echaba una miradita al Paco, mira, cómo habla y habla y habla, y el Paco me devolvía la miradilla. Leve aproximación, ‘uy! perdona que me resbalo’ esas técnicas que todos nos sabemos cuando queremos arrimar la cebolleta. Parecía que surtían su efecto. El efecto, si no nos sale defectuoso por defecto.

Amiguita en un momento dado, y sin previo aviso, se las pira con Pescador cañita brava. Claro, ahí es cuando ya flipé un poco. El Davi le susurra algo al oído al Paco y el Paco me mira. Yo me hago un poco la tonta mirando así al techo silbando, hasta que pienso mentalmente sin verbalizar nada, ‘¿vais a estar mucho tiempo con los secretitos en la oreja son cosas de viejas?’ Entonces, como si mi reflexión interna hubiera traspasado mi mente, el Davi me da dos besos y se despide y el Paco le dice adiós colega, au revoire que dijo Voltaire, que este chico recordemos que era del mismo Paris.
Buena jugada, estos niños es que se las saben todas.

Y cuando parecía que el terreno estaba recién regado y abonado para la siembra de la semillita, reaparece Amiguita con Pescador cañita brava y entonces ya digo ‘pero qué broma es esta: aquí ya se va todo el mundo a su casa y cada una con quien quiera, coño’. No lo dije, claro, pero puse cara de pensarlo. Le hago un guiño a Amiguita, como diciendo ‘bueno, ¿qué?: ¿Pescas o enriqueces?’ y ella que me intuye mucho y muy rápido, dijo enseguida ‘vámonos todo el mundo que ya es hora’. De hecho, ya eran horas: las 5 y pico de la mañana. Madremíademivida, que hoy no pensaba salir ni a la puerta de mi casa.

En la puerta del garito nos costaba arrancar. Amiguita se pilla un taxi y el Paco me suelta un rollo de cagarse, tipo ‘no voy a tener más remedio que irme contigo porque le he dado las llaves al Davi, que tiene un despertar muy malo el parisino tolerante, que paso de llamarlo y que… ¿qué te parece?’. Ahí ya puse cara de ‘¿pero qué me estás contando Paco?’ con la salvedad de que esta vez sí pronuncié la pregunta en alto y después de hacerlo me quedé con cara de ‘ah, ¿he sido yo?’.

Miré al Paco y el Paco me miró. Tras su flequillo, que entonces no era una frondosa barrera entre ambos, me encontré con sus chispeantes ojos coloreaditos de rojo por las copichuelas. Entonces, el tiempo se detuvo y como en una película de Meg Ryan, empezó a soplar una brisa suave y mi pelo ondeaba un poco y comenzó a sonar una música preciosa. Eran como violines o eso me pareció escuchar a lo lejos. Dije de repente, suspirando, sin poderme contener, ‘qué bonito es conocerse’. Y el Paco añadió, ‘dame tu teléfono que te doy un toque un día’. Pensé yo, ‘cómo mola’.

Pero claro, en la vida real, de poco te sirven las frases bonitas y las buenas intenciones, mucho menos una brisa que ondea tu pelo levemente. Le mandé al Paco un mensaje el sábado después de aquel idílico jueves. Un ‘sms’ que no me comprometía a nada. Una señal por mi parte de que me encantó conocerlo y que me pareció un buen tipo. Sin más. Nada de te quiero te adoro te compro un loro cásate conmigo serás el padre de mis cinco churumbeles. ¿A ustedes les ha contestado? porque a servidora no.

Muy fuerte. El Paco, con la pintilla de moderno que tenía, con su amigo tan tolerante del mismito Paris, con su flequillo y su encanto. No me pegaba nada que fuera así. A mi no se me hace esto. Miren, conmigo no se está de cháchara toda una noche pelando la pava como el que no tiene mejores cosas que hacer, ‘nada, mira es que pasaba por aquí y estaba planeando jugar con tus sentimientos’. No hijo no. A mi no.

Todavía sigo dándome sin querer algún cabezazo en vez en cuando, cuando mis noches se tiñen de blanco y no tengo al Paco para que me hable de las subvenciones que recortará el Gobierno en esta legislatura. No sé si es un consuelo, o un alivio para mi espíritu aventurero. Puede que hasta me haya librado de un plasta. Más concretamente porque éste no me ha hecho ni caso, ya tiene bemoles.

Ay, Paco, vuelve. Regresa a mi. Pero vuelve mudito. Vuelve envuelto en silencio. Despójate de cualquier sujeto, adverbio, o pronombre. Yo te compensaré por los espacios en blanco y me encargaré de rellenarte los huequitos de tu mutismo. Los cubriré despacito con las caricias que te harán mis pestañas.
Donde quiera que estés, vente conmigo Paco: no te pongas tonto.
Ya verás como no hará falta que hablemos.
No vamos a necesitar ni una sola palabra. Palabrita...

The End.

domingo, 11 de octubre de 2009

Hasta el final

La noche en la que fuimos a ver a Coque Malla...

N. de la T. Váyanse ustedes de concierto directitos. Háganme caso... que para una vez que tengo la razón... De este modo eliminarán el estrés y muchiisimas toxinas; y al fin y al cabo, fomentarán la segregación de endorfinas: esas 'cositas buenas buenas' que te suben el ánimo, te entonan y te dan 'calorcito' cuando más fresquito estás por dentro... Ya, no se me pongan 'nerviositos': Al lío -'amoallá', que decimos por el suroeste peninsular al tiempo que nos 'arremangamos'
Pues nada, la noche que fuimos a ver a Coque Malla acabamos viendo a 'Los Otros', que por cierto se llamaban Los Coronas: Unos señores músicos que probablemente conocen 'aquí allá y en la China populá', pero que a mi -por mu de 'entendidadadelavida' que vaya.. no me sonaban de ná. Pero qué vamos a hacer, no se puede tener de tó... ¿no?
Ocurrió que hubo un fallo en la comunicación y un exceso de euforia, las cosas como son.
Al final nos plantamos en un concierto de unos tipos de los que jamás habíamos oído hablar. No sonaban mal esa es la verdad, sonaban muy bien - pero una vez que te has hecho a la idea de que vas a ver a Coque, choca un poco que de repente aparezcan cinco tipos de negro todos uniformados como Men in black en el escenario, con sombreros blancos de cowboy que tocan música instrumental con ritmos de ayer, hoy y siempre.
Pues nada que ver con lo que íbamos a ver. A ver: ¿un solista molón frente a una banda de las de toda la vida vestidos como cucarachas con sombrerico? Las comparaciones son odiosas, ya lo sé... pero no se parecían en nada, como un huevo a una castaña pilonga, vamos... Pero lo importante es ir al concierto ¿no?, porque a veces hay que ir a uno 'al boleo' para saber si te gusta la 'música', el 'son' que tocan... esas cosas.
Pero después (menos mal que ya nos enteramos bien otro día y contuvimos un poco la euforia)Dos días más tarde, efectivamente, sí tocaba Coque. Ahí que nos plantamos y en su concierto nos colamos, previo pago de la entrada para el acústico por el módico precio de doce euros.

Ay Coque Coque, tan pequeño (tan peludo, pero menos que Platero) tan tardón que estuvo casi una hora y media haciéndose de rogar el mamón, pero qué mono, qué salao, que entrega, qué majo. La sala llena, las manos y las cabezas preparadas para aplaudirle, para chocarse entre nosotros, para contonearnos y mecernos al ritmo de sus suaves canciones en solitario; que dan ganas hasta de quererlo un poco, tan chiquinino, tan salao, tan artistaco.

Sobre el escenario se creció al lado de Nico Nieto, que también era un artistazo - muy músico, muy alto y guapo y cool. Y todos allí disfrutando de lo lindo, mirando a los alrededores, observando las reacciones del público entregado y disfrutando de la música, que es lo que se intenta hacer en todos los conciertos.

La verdad es que tenía muchas ganas de verlo y no defraudó mis expectativas. Me gustaron las letras, sencillas y contundentes, las músicas que recuerdan a algo, pero que son de Coque, el grito que le sale de dentro cuando termina alguna de las canciones. Nos confesó que le gustaba mucho venir a tocar a Badajoz y entonces ahí ya todas las fanes babeando, encantadas de la vida y de ser de Badajoz y de estar ahí viéndolo a él, tan achuchable como una barriguita.

Como en todos los conciertos al principio se hace un poco difícil encontrar tu sitio. Sobre todo si no es una sala demasiado grande y todos quieren ponerse en primera fila; y si es su caso, como el mío, que por estas cosas de la herencia, la altura no es una de las cualidades que te ha obsequiado la naturaleza, o la genética. Pero lo vi de frente, lo observé durante todo el concierto y constaté una evidencia basada en hechos reales... Bueno, cuando me pongo tan repelente como el niño Vicente me da hasta miedito oigan...
El caso es que cualquier persona que se suba a un escenario, preferiblemente hombre, adquiere para servidora un halo de misterio y de atracción que no puede controlar. Se escapa de mi propio entendimiento, traspasa los límites de lo conocido - a exagerá no me gana nadie, que esto ya está sonando a expediente X... vaya tela con la niña.

Conciertos, hablábamos de conciertos. Para mi ir a uno es tan especial como comerte un brownie hecho por tu madre. Es como que se materializa un sueño, como que te dedican todas las canciones y tú estas en medio de un montón de gente, pero sientes que las canciones te las están cantando al oído. Así escrito suena un poco raro, lo sé, tendrían que estar en mis carnes para poder entender bien la sensación que les intento transmitir.
Pero, cómo molan los conciertos: tocar las palmas y soportar los empujones de la gente que va y viene del baño. Cómo me gusta la música en directo, saberme las canciones y quedarme ronca en los bises. O no saberme ni una y descubrirlas por primera vez. Y gritar, y dejarte llevar con Coque al fin del mundo...
Hasta el final esperen a que se cargue la página y suban el volumen, merece la pena, se lo digo yo que soy 'una prisiña' y me cuesta hasta quedarme parada mientras espero el autobús...

sábado, 10 de octubre de 2009

The Rovishowman

Dani Rovira: The Rovishowman
Asistir a un espectáculo como el que interpreta Dani Rovira en las casi dos horas en las que se enfrenta al público es impagable. El actor desgrana en un trepidante monólogo las cosas que le pasan, se pregunta también por qué coño le pasan a él y reflexiona acerca de lo humano y lo divino: la infancia, el amor, sus contradictorios progenitores y sus andanzas por la vida. La gracia es que habla como si fuera un amigo de toda la vida que, entre confidencias, susurros y gestitos, te hace partirte de risa al tiempo que le suplicarías que no parara de contarte más anécdotas.

Empatía, simpatía, generosidad y mucho, mucho arte. Altas dosis de auto conocimiento, quizás de acostumbramiento a uno mismo. Un sentido del humor inteligente y rápido, tan rápido que si no estás al tanto cuando su verborrea empieza a brotar no te acuerdas de dónde venía toda la historia. Es lo que presenciamos los espectadores que abarrotábamos la Sala Aftasí de Badajoz el pasado viernes 2 de octubre a partir de las 12. Era la segunda sesión y Dani ya había tenido su estreno, pero estaba el tío fresco como una lechuga.

D. Rovira habla, respira, habla, no respira y habla. Gesticula, cambia de voz, transforma su cuerpo con imposibles movimientos y te metes en otro personaje que tampoco para de hablar. No se cansa nunca su cabeza de desgranar sucesos cotidianos, pequeñas situaciones que sin poderse dominar dan paso a la risa natural y después a la carcajada. En este show no hay nada de risillas de bote, ni de sonrisas enlatadas. Hila frases con sentido y atina como el que apunta directo y seguro de alcanzar el objetivo: los aplausos que no pueden contenerse porque los que presenciamos esa fiesta, no podemos menos que agradecerle de algún modo lo que nos está haciendo pasar. Y es que el tío hace que te lo pases muy bien. Se te quita ese dolor de cabeza, se te olvida que no tienes saldo en el móvil y que probablemente mañana no podrás salir porque no te queda dinero en la cuenta. Con Dani se les olvida la crisis, con eso ya les he dicho todo.

Alma de payaso en una cabeza prodigiosa que improvisa sola. Confiesa que siempre sabe el monólogo con el que afrontará su actuación en una sala, pero desconoce qué tanto por ciento terminará improvisando. Pareciera que una y otra cosa, improvisación y ensayo, confluyan en una conversación que desearías que no acabara nunca. Pero Dani es humano, y necesita descansar, si no fuera por eso se habría quedado dando la nota hasta altas horas de la madrugada. Porque estuvo sembrado y no se les escapó ningún detalle.

Juega con el público y bromea con él porque es consciente de su propio encanto. En el escenario se crece y ante el micrófono su voz cambia de registro como si se pusiera una nueva careta. No deja de sorprender y de engatusar al respetable, a las chicas, a los chicos, pero los respeta riéndose con y de ellos, haciéndoles partícipes de semejante juerga. Engancha, atrae, motiva a comentar las jugadas, los chistes que no se te van a olvidar. Te dan ganas, una vez que ha terminado, de darle un gran abrazo y decirle: Gracias amigo, gracias a ti hoy he sido libre.

En eso insiste Dani al final cuando se despide: “Si reir te da más años de vida, yo os haré inmortales”.

Me hacen el favor por favor de meterse en su página oficial y después comentamos si no se han partido en dos y les apetece verle en directo. Estará pronto en Madrid (13/10/2009) así que estén vivos y al loro, pasen la bola y vayan sacando las entradas, que es en la Joy Eslava y eso se peta de gente. Quedan avisados.