lunes, 3 de septiembre de 2007

Azar se escribe sin hache

Casualidad era la hermana invisible de Suerte, que siempre fue la mayor y la primera en ser consentida. Primogénita a la par que altiva, rubita de rubios rizos, Suerte era la analogía femenina del repelente niño Vicente. Hija siempre digna, de ojos azules y Estrella, de segundo nombre.

Concebida en las alturas, aparecía siempre como caída del cielo. Adelantado tuvo que ser y provocado su fugaz parto. Conocedora de su significado, se conformaba con presentarse como la niña querida de los oscurísimos ojos de su mamá, Sfortuna. Aquella que no le desvelaría jamás quién fue su papá, reservándose para sí misma el eterno secreto de haberlo conocido y amado tan sólo una vez, mecida por el suave viento del Oeste.

La inesperada vástaga menor, Casualidad de sobrenombre incluso Afortunada, fue la última en ser reconocida por su malquerida madre. Esto significó que estuviera la pequeña minusvalorada, como un nebuloso e incómodo segundo plato. Casual y morena se mostró desde el momento en el que vio la Luz Cegadora, la que precede al primer parpadeo.

Nació por cesárea, casualmente. Segundona casualidad no esperada y no por ello menos bella, pese a provenir de un padre distinto al de su hermana. Verdes eran sus vivos ojos, inmensamente verdes. Concebida en el mar, mientras las olas amasaban dos cuerpos que se encontraron sin buscarse, en medio de un océano lejano, salpicado de purpurina de colores. La nena fue para su mamita igual que esa invitada de última hora, de ocasión y saldo, que se unió inconsciente a la cena fría organizada por el galán Imprevisto.

Ambas niñas no tuvieron progenitor, al menos eso les dijeron desde que aprendieron a escuchar a su madre y a los que se empeñaban en hablar de ellas. Sin embargo, crecieron hermosas y ajenas al hecho comprobado de que a sus respectivos creadores nunca los conocerían. Tampoco existía por aquella época un plató televisado con teléfono de aludidos. Ni el Diario de Patricia. Menos mal, con la crueldad de la que puede hacer gala gratuitamente el público por teléfono, sabiéndose escuchado por la mayoría inerte que presencia una sobremesa prestada.

De este modo crecieron las chiquillas, pizpiretas, suspicaces. Rodeadas de amiguitos. Inquietud, Oportunidad y Descuido. Siempre les esperó su problemático tío carnal Futuro Incierto al doblar El filo de lo Imposible. Encadenadas estuvieron desde su nacimiento al Desenlace Mágico. Condenadas a satisfacer impulsos inútiles o decisivos.

Fueron las dos retoñas legítimas de Sfortuna. Ambas primas adoptivas y lejanas de Fatalidad y Albur. Matrimonio éste de pájaros de conveniencia, que a veces se distanciaban por un tiempo, cuando pasaban por allí Los Hados malvados. Vaya pareja, de hecho.
Anonádense, lectores.

To bí continué.
(Vamos, que ‘continuará’)

Ya hemos vuelto. Menudas vacaciones. Lo estamos dando, que no regalando.

Besos para todos y bienvenidos quedan.

3 comentarios:

Mr Tambourine Man dijo...

¡Bienvenida! Y continúa con el azar, o déjalo así. Es muy bello.
Besos resonantes como resoplos.

Virginia dijo...

OLE AHÍ LAS BUENAS REAPERTURAS!!!!!!TU SI QUE VALES,NO ME CANSO DE DECIRLO,Y SI NO,AL TIEMPOOOOOO!!

petilipois dijo...

A qué se ha debido tu silencio??? No merece eso un post??? O lo cuentas en clave en éste!?
Pues welcome back!