miércoles, 3 de diciembre de 2008

Historia de un amor

Héme aquí: pelín acojonaílla, lo confieso. Me disponía, como les prometí, a hablarles de una historia de amor, que me hizo comprender todo el bien, todo el mal. Miren que era bonita. Pero no, sin remedio, me bloqueo. Aparece la presión. Le veo las orejas al primo de María Moliner. Los dedos no me responden: salid mamones… cobardes, pecadores. Es inútil cualquier esfuerzo. Mis falanges se meten, a buenas horas asustadas, en las mangas verdes de este jersey de lana. Aquellas palabras que antes se me encadenaban al cerebro, paradójicamente liberadoras, no fluyen como acostumbraban a hacerlo. Se esconden, tienen miedo. De hecho: tengo miedo. Será que esta terapia tiene, como apuntó un avezado lector, la gama cromática que escogería una empresa de pañales ¿Será que me estoy cagando? Va a ser que estoy cagá. Glup.

Basta con decirles que no estoy acostumbrada a beber y me he tenido que servir un Riberilla del Mercadona que me ayude a superar este insólito trance. Vamos, que además del susto, al final me voy a pillar el pedo fácil ¿El alcoholismo es la primera fase? ¿Nos estaremos convirtiendo, sin querer, en una Terapia maldita? O ¿en una maldita Terapia? Para rematar y añadir a esta compresión mental, hoy se me tiene que ocurrir cocinar, y tengo un arroz ‘a banda’ sin gambas, cocinándose a fuego lento. Sorbito.

Uf. Me vienen a la mente insolentes comas, desairadas tildes, y otros signos de puntación de cuyos nombres no quiero acordarme ¿Pá qué? Después, reparo en los lectores que antes no estaban, cuando éramos una humilde terapia. Sí, 'de culto', como la definía Madre de Servidora, con ese afán que tienen las madres de engrandecer las más pequeñas cosas, 'porque mi niña lo vale'. Aquellos tiempos, hace cinco días, cuando éramos cuatro gatos. Y ahora, que casi nos hemos convertido en fenómeno de masas, capaces de movilizar conciencias y promover debates dialéctico/semántico/ortográficos, dudo. Y la duda me corroe. Qué zozobra, jolín. Me responden, diligentes en sus causas, la RAE y el Wordreference.com. Miren, así no hay quien escriba un párrafo, que llevo media hora con los dos anteriores. Esto es un sinvivir. Por caridad, que estamos en paro, no juguemos con las emociones, los sentimientos, y mucho menos con las palabras. Sorbo largo.

Aun a riesgo de pecar de intrépidos, vamos a contarles la historia de amor, que es a lo que hemos venido, mal que les pese. Ya saben lo que les espera, están a tiempo de dejar la lectura. Reciban de antemano nuestras disculpas por las más que probables faltas, y las irremediables omisiones. Vaya por delante la humildad y el buen hacer que nos caracteriza. Super sorbo.

Y sin más demora, al toro, digo al morbo.
Todo comenzó hace algunos años, muchos más de los que nos corresponde admitir. Cuando las nuevas tecnologías no eran tales, porque estaban en pañales y casi no existían para la mayoría. Entonces el mundo no estaba dominado por los señores de Google, ni por esos duendes invisibles que andan detrás del Youtube. No me pregunten por qué, los imagino con un sempiterno acné juvenil, y dificultades para entablar relaciones interpersonales. El correo electrónico no formaba parte de los quehaceres de cada día, y en vez de conversaciones por Messenger las teníamos cara a cara, 'face to face'. Los novietes y novietas, por supuesto, nos los echábamos en clase, a lo sumo en los parques, comiendo pipas. Y durante las vacaciones abríamos nuestros horizontes sociales. A los más afortunados, nuestros padres nos perdían de vista llevándonos a campamentos de verano.

¡Ains, pero aquel Summer Camp fue tan distinto, tan políglota…!

Perdonen la interrupción, mi hermana me grita histérica desde el salón
- ¡Elenaaaa, el arrooooz!
- ¿El arroz? ¡No, el arroz ‘a banda’ sin gambas!
(Joé, ya se me ha pasao el arroz…)

P.D. Continuará, por mis santos ovarios, esta Historia de un amor…

sábado, 29 de noviembre de 2008

Una historia de amor… de las que ya no se cuentan

Dispongo, aproximadamente, de media hora para contarles una historia de amor. De amor locuelo, juvenil, sincero, adolescente e irracional. Mal empezamos, porque les prevengo: a esta humilde terapeuta sólo hay algo que le pone más nerviosa que le controlen el tiempo; y es que, reloj en mano, le cronometren cuánto aguanta sin respirar bajo el agua, que aprovecho para decir que es muchísimo: infinito, vamos. Es lo que tenemos las sirenas, aunque estemos varadas (¿?)

Podría empezar acaparando su atención por completo, confesándoles entre susurros que esta entrada nació a las cuatro de la madrugada, en una habitación callada, con la luz apagada, y el corazón roto, pero les estaría mintiendo vilmente, como una bellaca difamadora, una Maria Patiño del montón. También podría comentarles la que se ha revelado como 'anécdota del día', en este sábado frío de narices. Y es que esta mañana, sin previo aviso, un hombre ha llamado a mi puerta. Han leído bien: un hombre. Huelga decir que sus pies se han encontrado con nuestro felpudo, que reza desafiante ‘All you need is love’

Desgraciadamente, se trataba del Señor del Gas, que no tendría planes mejores para hoy, y ha decidido despertarme a las 12:35 de la mañana; cuando me encontraba en una especie de maldito duermevela, después de una noche que podríamos calificar como toledana. Tras abrirle la puerta de mi humilde morada al grito de ¡¡el del Gaaaaaaas!! , esta persona se me ha quedado mirando fijamente a los ojos, evidentemente y como manda la costumbre, sin desmaquillar, y en tono de sorna ha añadido, ‘he venido antes, pero debías de estar...’ ‘Durmiendo’, he dicho terminando la frase por él, ‘estaba durmiendo, que ayer he llegado muy tarde, ¿¿sabe usted, Sr. D. Tocando las narices un sábado por la mañana??’

El señor revisor, pertrechado con un enorme maletín negro, como si de un cazafantasmas se tratara, ha entrado raudo en mi cocina, y ha sacado lo que a todas luces era el mando a distancia de una muñeca chochona gigante. Pero no, era un captador de energías negativas, o eso he creído entender: un aparato que mediría la pureza del aire que se respira en mi casa, que ya sabía yo sin que él me lo dijera que mucha no es. Lo malo es que, ante mi desconcierto, el tipo pasaba el mando cerca de la instalación del gas, y sonaba todo el rato, 'pipipipipipiiiiiiiiii', extremo éste que me ha sobrecogido y me ha hecho replantearme la salubridad del oxígeno que respiro en mi propio hogar. Ha intentado tranquilizarme diciéndome que era normal, 'porque hay muchos aparatos eléctricos en la cocina, que pueden interferir en las energías analizadas', 'sisisisí, y la abuela fuma', pensaba yo. Pero, su cara decía otra cosa, algo así como ‘madre mía, como esto pete un día…’

Menos mal que cuando ha examinado la parte de la instalación más importante de la vivienda, la de la calefacción, su diagnóstico ha sido alentador. ‘Tranquila’, ha dicho, ‘¿ves como ahora no suena? no hay ninguna fuga de gas’. Joder, menudo tacto. Gracias al cielo. Ya estaba imaginando, desde mi desbordante creatividad, que antes de que este intrépido señor abandonara mi casa, esta pobre casa iba a volar por los aires.

Nada, que al final se me ha pasado el tiempo contando la anécdota. Tendremos que dejar la historia de amor para otro día. Prometido queda, diablillos...

martes, 25 de noviembre de 2008

Aquellos maravillosos tiempos… sobrios

Me encuentro como apaleada. Mayormente, machacadita. Mismamente, hecha puré. Trituradita como el tomate natural (¡ay-ay-ay-ay!) Un trailer de cientos de toneladas, seguramente forrado con pósters de Samantha Fox, ha debido pasarme justo por encima mientras dormía ¿¡Dios, no recuerdo nada?! ¿¿Cuánto tiempo ha pasado?? Me estiro, me encojo, me retuerzo. Finalmente, gimoteo. Sin querer se me escapa un tímido bostezo, en forma de eventual ‘AaAaAaaaaaah’ Veo borroso, y me cuesta enfocar un horizonte incierto: ¿a quiénes pertenecen esas siluetas? Les advierto por el bien de la Humanidad: espero que a ningún ser se le haya ocurrido abducirme hoy, sin mi permiso. Denotaría una absoluta falta de clase, y me obligaría a tomar medidas extra planetarias, para las que no me encuentro mentalmente preparada ¿Me despierto?

Enseguida, reparo en que el espesor de mis legañas no me dejará ver más allá de las pestañas, y tras el 'pseudo aforismo', me pregunto: ¿Quién es esa persona que me devuelve el saludo desde el espejo? ¿¿Copito de Nieve, eres tú?? ¿Pero, por qué no me quitaría el rimmel cuando llegué a casa? ¿¿Dios, será el precio injusto que debo pagar por una mirada ‘extra sumptuous’? Mi ineludible condición de persona torpe, con churretones negros bajo los ojos, me provoca una duda. Bueno varias: ¿¿Me pongo de pie, me vuelvo a sentar…?? ¿¿Cómo saldrán estas malditas manchas oscuras, a modo de huellas oculares, de mi almohada?? Blasfemo.

Tampoco soy capaz de discernir lo que llega a mis oídos: parece alcanzarme un potente rugido que procede de la tele ¡ah, no… son mis tripas, disculpen! Pero, de todos modos, no hay nada que verifique que este estado sea real. Parpadeo dos veces por segundo. Al tercer parpadeo siento que me he ‘autohipnotizado’, aun en este estado, no dejo de sorprenderme. Me estoy mareando con tanta tontería. Cierro los ojos y los abro de nuevo: gesto absurdo donde los haya, para constatar la naturaleza de ningún hecho. Por piedad, no me pidan coherencia, me la bebí toda el sábado de madrugada. Se acabó diluyendo en aquella penúltima pinta. ¿Qué pasa, algún problema? Como no tengo novio real, sólo me queda la cerveza… y el chocolate con almendras de Nestlé.

Suspiro. Me debato internamente entre levantarme del sofá, o descubrir que me encuentro en simbiosis con él: amarilla como ‘Los Simpson’. Muevo la pierna, muevo el pie, muevo la tibia y el peroné. Hoy no me cae bien Alaska, porque su canción me taladra el cerebro; y en la zanja derecha del hipotálamo, a cien metros de profundidad, yace inmóvil mi orgullo. ¿Será éste un estadio superior de la conciencia, y no estoy preparada para reconocerlo? No, amiguitos, no se engañen. Les voy a presentar: esta es una Señora Resaca. Lo malo es que estamos a martes, y a estas alturas, lo correcto sería tratarla de usted. Está clarísimo: ni te cases, ni te emborraches, ni te embarques. La sabiduría popular es que no conoce límites…

Al menos, me queda el consuelo de que éste, pinchen, sólo es Un Día en el Mundo.
Espero que disfruten de ‘Vetustamorla’, se los recomiendo, desde lo más recóndito del cuerpo dolorido de esta carne de cañón, que no se cansa de repetir: “Mírame, soy feliz, tu juego me ha dejado así..”

Continuará, vamos que si continuará…

lunes, 17 de noviembre de 2008

Hola, ¿estás solo?

Aquí me encuentro, en mi particular cruzada, como Indiana Jones. En este feudo desde el que se divisa la soledad; instaurada en una parcelita de alquiler, pero en barbecho. Ya me ven, erigida en la cronista oficial del desencanto, la narradora de causas imposibles; como comentarista de un partido que se juega en campo hostil ¡Ay, la vida, cómo es la vida de hostil, desagradecida y puñetera! Dirán ustedes, ‘menos metáforas y más hechos’ Por favor, déjenme que saboree este momento tan trágico. Conocen esta naturaleza llorona de la que hago gala. Pues, permítanme mi derecho al sollozo. Snif.

Les aclaro que los hechos que leerán a continuación no tendrían por qué corresponderse con la verdad. Ustedes me los leen, y después ya me comentan, que este espacio sigue estando abierto a todo tipo de opiniones, críticas, y juicios paralelos. Pero, tampoco vayan a ponerme verde, que últimamente anda una algo sensible. Un poquito de comprensión, es lo único que les pido… a Dios le pido (¿?)

(Mientras escribo, espero a que llegue el repartidor de Mercadona con la compra del mes, qué digo mes, del año; que, sufragada por la madre de servidora, nos sacará de la inanición que podría habernos costado la vida… porque ¿les dije ya que la vida es un territorio hostil, un zafarrancho de combate?)

Bueno, como saben por episodios anteriores, y conocedores como son del estado de desesperación en el que nos encontramos, entenderán que las prisas son malas consejeras. Pero, a veces, son el único motor capaz de brindarnos el impulso definitivo, ése que pone los puntos sobre las íes ¿Que, qué he hecho? Se preguntarán. Eso digo yo, pero ¡qué he hecho! Pues a lo hecho, pecho. Va bajando el nivel, disculpen.

El objetivo estaba claro: conocer a alguien, sentirnos halagados por un piropo, dejarnos querer, querer que nos quisieran. Miren que lo hemos intentado por todos los medios, que no hemos cejado en el empeño, que no quisimos caer presas de la desesperanza. Pues, reconocemos que caímos, ¡ay si caímos! En todo el hoyo…

Nada, salí a la calle decidida y pizpireta, dispuesta a hacer de mi capa un sayo. Me encontré con algunos desconocidos, y me puse manos a la obra. No sé cómo, pero todos terminaron huyendo. Imagínense una chica que se acerca a ustedes con un portafolio como los que se usan para hacer encuestas…

La cara del primer desconocido me sonaba de vista, me lo he cruzado antes, pensé, a por éste que voy, me dije; y allí mismo, en medio de la acera, le asalté sin dilación:
- Disculpa, ¿puedo hacerte una pregunta?
- Sí, dime
- ¿Quieres ser mi novio?
- ¡¿Cómo?!
- Que si te gustaría ser mi novio
- Perdona no te entiendo (dijo mientras miraba a los lados, como buscando una cámara oculta)
- Pues creo que está claro, la pregunta es ¿quieres salir conmigo?
- Mira… estoy casado, tengo dos niños, un perro, y una suegra horrible
- ¡¡Perfecto, mi madre es majísima!!
- Creo que no…
- Vaya
- Lo siento, eh
- Vale, gracias por tu tiempo (bajé la cabeza, reconociendo mi derrota)

Lo intenté con un desconocido más, con el mismo y nefasto resultado. No entiendo muy bien por qué: ¿será que la gente no se fía, así como así, de una desconocida con semejantes buenas intenciones? La desconfianza está matando a esta sociedad sin valores. La verdad, es que yo me hubiera dado al menos una oportunidad, con lo risueña que soy. Tantos años ensayando chistes frente al espejo, y aprendiéndome refranes, para esto. Finalmente, uno de ellos no me puso mala cara, arqueó las cejas en señal de aprobación, y lo encontré bastante receptivo. Pero claro, aunque siempre hay un roto para un descosido... decididamente, él si que no era mi descosido. Esto es, mi tipo...
- (...)
- Entonces, ¿no te importaría...?
- No
- ¿De verdad?
- Sí
- ¿No me estarás dando falsas esperanzas?
- Que no
- ¿Y no tendrás amigos?
- Sí
- ¿Monos?
- Pues… así como yo
- Ya… entonces, vamos a dejarlo
- ¿Cómo, ya me dejas?
- Si, es que no le veo futuro a lo nuestro
- Lo que tu digas, cari
- (¿¿!!??!!)

(Suena el timbre, debe ser el repartidor… qué ilusión, no puedo evitar tararear...)
Y emulando al inolvidable Joaquín Prats, añadiré: ¡a jugaaaaaaaaaaar! (quiédecir: a por ééél!!)

P.D. La desesperación se huele, no me pregunten cómo lo sé. Simplemente, lo sé.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Esto es pá la que le toca

Con lo bien que iba todo, con lo que nos estaba costando encaminarnos en la vida, luchar por un futuro, sacudirnos los miedos… pintarnos la cara color esperanza (¿?) Con lo que suponía haber mantenido convicciones, principios, y esas dudas que nos hacen tan vulnerables. Pues, todo al garete. Lo dicho: esto es pá la que le toca. Ahora lo entenderán, queridos, saben que casi siempre nos cuesta arrancar, como a Carlos Sáinz.

Hablando del tema que hoy nos ocupa, ‘Amor en tiempos de crisis’, recuerdo ahora una conversación de las que se escuchan por la calle, de soslayo, en la que dos abuelitas se ponen al día, y se preguntan por la cotidianeidad de sus vidas…

Abuelita 1. - ¿Cómo va todo?, ¿qué tal tu nieta?
Abuelita 2. - Muy bien ¿sabes? ¡tiene novio! ¿y la tuya?
Abuelita 1. - La mía no tiene novio, está estudiando una carrera para labrarse un porvenir.
(Bravo por Abuelita 1)

Y me viene a la mente esta otra, mucho más reciente, protagonizada por la madre de una servidora, una amiga suya que le pregunta por servidora, y servidora, que está presente y participa en el diálogo en todo momento…

Amiga Zizañera. - ¿Qué tal todo? ¡qué mayor estás! ¿cómo te va?
Servidora.- Bien… bueno, ahora en paro, buscando trabajo
Madre de Servidora.- Es que hizo Periodismo, y como está la cosa tan mal
Amiga Zizañera.- Ay, hija, tranquila, que ahora con la crisis estáis todos igual, no te preocupes, ya llegarán tiempos mejores
Servidora.- Ya, de momento no me preocupo
Amiga Zizañera.- Y ¿tienes novio?
Servidora.- Psss… no
Amiga Zizañera.- Ay, ¿y eso?
(¿Le pregunto yo a usted, señora insolente, por sus patas de gallo, su incontinencia verbal? Decidí estudiar una carrera, digo mentalmente pensando en Abuelita 1: ‘labrarme un porvenir’)
Madre de Servidora.- (bajando el tono de voz a confidencial) Es que esta niña no es de novios (¿?)
Chachi. Menos mal que tengo a mi santa madre, para decirle al mundo que me rodea que ‘no soy de novios’ ¿Qué soy, de amantes bandidos?
No doy crédito.

Con lo bien que iba todo. Cuando me estaba acostumbrando a mí misma, a asumir mis manías, a vencer mis inseguridades, a pasar por alto alguno de mis defectos, a vivir aprendiendo cada día un poco. Todo a mi alrededor se derrumba mientras que todos se enamoran. Se hace la oscuridad. A lo lejos escucho una voz cansina y petarda que susurra… ‘te estás quedando sola’ Una mierda, le digo, sola no estoy, tengo una familia, que me apoya, me protege y me quiere, unos amigos que me adoran. Ya, pero no tienes pareja, ni novio, ni perrito que te ladre… Cómo que no, si tengo un vecino ideal que a veces me mira de reojo, ah, que eso no cuenta como pareja… mierda.

Pues, ¡PASAPALABRA!

P.D. Dedicado a todos los que estais enamorados, si un ápice de acritud

lunes, 20 de octubre de 2008

Un pasito p'alante, un pasito p'atrás

Muy bien. Vamos allá. Hablaremos hoy de carencias propias, preocupaciones globales, y cagadas totales con personas ajenas. Un poco de todo, para que después no se me quejen, y no digan que aquí no hay espacio para todo tipo de contenidos.

Como saben por breves apuntes anteriores, si no lo aclaramos, en esta nueva temporada estamos en paro. Situación en la que podría encontrarse más de uno. En ese estado en el que la cola del INEM se nos aparece como esa maldita pared -a derribar, extraño muro donde lamentar la inactividad. Y, situación esta, tan difícil como extraña en si misma.

Nos encontramos, pues, desocupados y torpones; desperdiciando un tiempo que no sabemos llenar. Y podría llegar la zozobra y la desidia, pero nosotros debemos ser más rápidos y astutos. Están a tiempo. Es el momento de buscar un trabajo a nuestra medida, a poder ser una actividad más o menos remunerada. Inviertan su tiempo, y quizás con suerte acaben siendo contratados. No esperamos menos de ustedes.

Esto, lo que leerán a continuación, es lo que no deberían hacer. Aprendan y después sacaremos conclusiones de esta historia.

Imaginen. Buscan trabajo en distintos portales dedicados a esta labor. Han puesto al día su curriculum y al hacerlo han caído en la cuenta de que tampoco está tan mal. No tendrían que tardar en ponerse en contacto con ustedes. Pero esto no ocurre, al contrario. Pasan los días y ninguna de las empresas con las que se pone en contacto para concertar entrevistas, se pone a su vez en contacto con su persona para interesarse por ella. Se dicen ¿pero, por qué, por qué a mí?

Después de la pregunta inicial que asola su cabeza, y a la que sigue la típica: ¿seré yo -tan inútil?, vendrá la fase positiva del día. Todo puede cambiar. En este momento, una llamada de teléfono podría interrumpir la repetición mental de la cita positiva, y podría producirse el anhelado milagro: una amiga de un amigo del primo de la novia de su cuñada, podría tener un trabajo para usted. Le facilita una dirección de correo electrónico a la que adjuntar su vida laboral. Se decide a hacerlo. Pero, no caigan en estos errores.

El correo electrónico que deberían mandar será correcto, un tanto aséptico, y siempre educado. Por favor, nada como:
Hola Fulanito, soy la amiga de la prima de la novia de tu cuñada. Me ha dicho Fulanita que podrías conocer a alguien que me contratara. Te doy las gracias de antemano, aunque sé que 'la cosa está un pelín jodida'.
Miren, no. Esta salida de tono, no deberíamos permitirla. Hombrepordios. Un compadreo que no nos lleva a ninguna parte. Ya conocemos algún caso real que, siguiendo otros consejos, se dejó llevar por una camaradería impropia y les salió el asunto laboral rana. Así fue:

Se envió el correo electrónico con este singular despropósito mencionado, y la contestación no tardó en aparecer, y para más recochineo fue la siguiente:
Buenos días, usted es sobre la direccción de Fulanito de Tal en Francia..

Vamos que, además de metedura de pata, es metedura de pata a nivel internacional. Traspasamos fronteras, y hemos entrado con la tontería en la Unión Europea. Qué les parece. No me dirán que no tiene su gracia. Pues, háganse cargo de la cara que se me ha quedado cuando he leído el mail de contestación por parte de este señor francés tan cumplido. Pensaremos que al menos la cagada no ha llegado al primitivo destinatario, y obviaremos la confesión accidental de que el suceso nos ha tocado tan de cerca.
Seguiremos cagándola, quiero decir, informando...

jueves, 16 de octubre de 2008

Va por ustedes

Miren.
No todos los días tiene una la suerte de salir a dar un paseo, y acabar en otro país. Tampoco todos los días tiene uno la suerte de encontrarse por una temporada en el nido, el Hogar -con mayúscula- y poder disfrutar de esta singular experiencia.

No todos los días puede uno andar como si no existiera un horizonte, hasta que los pies piden a gritos un descanso. Asi que, esta mañana me he dado un particular homenaje en forma de largo paseo. No me dirán que los caprichos de esta terapeuta no son terrenales. Ya ven. Tan complicados somos para unas cosas y tan sencillos para muchas otras.

Este humilde capricho que me he dado, ha sido tan largo que, cuando he caido en la cuenta casi estaba aproximándome a Portugal. Flipen. Porque estoy en Badajoz, y aquí las distancias no son como en Madrid. Por supuesto que tampoco la polución es la misma, ni los rayos del sol calientan de la misma manera. Esto es que estamos en territorio fronterizo, y se nos nota.

He salido decidida, vestida con esta indumentaria deportiva que nos hace parecer atletas de segunda, pero sin pretensiones ni grandes objetivos. He disfrutado de la vista mañanera del Puente Real sobre el río Guadiana. Y de los ojos recién levantados del resto de puentes que atraviesan al río en su paso por esta ciudad. Será por puentes: cuatro, tenemos. Y aquí es donde me pongo sentimental y les explico: el puente de la Universidad, puente viejo, el de la carretera de Cáceres, y, el último, este último.

Andando andando, con los cascos y la indumentaria apropiada, casi he llegado a la frontera. Allí, una pareja un poco con pinta de atracadores me ha preguntado si sabía dónde estaba el Banco Santander. Digo, todo recto, como diciendo, allá que van. Pero no estaba segura de la indicación, ni claro, de que estas personas fueran a ser atracadores, que ya habría sido mala suerte.

Y he llegado cansada, pero contenta. Con esa felicidad que da el deporte sin riesgos, que andar es sanísimo, y bajo mi punto de vista -esto es una idea profunda que tengo desde niña- correr es de cobardes. Pero, olé a todos los que pueden hacerlo másde quince minutos sin echar el higadillo por la boca. Para ellos, y, por supuesto, para el Puente Real y para Badajó, va mi entrada de hoy.

martes, 14 de octubre de 2008

Tal cual

Pinchen, disfruten, y ahora seguimos. Si quieren, aquí hasta podrían entender de qué va.

Bien. Esta es nuestra particular manera de afrontar la crisis, digo, recesión económica: lo que vendría conociéndose como el petamiento global de nuestros ahorros. Aunque mientras, miramos como los bancos tampoco quieren ayudarse; porque el dinero, aunque esté en distintas manos, cuando falta nos duele igual a todos. Vaya tema.

No quiero ponerme pesimista ni ceniza, que para eso ya pueden ustedes informarse o acojonarse por las noticias; en las sucesivas ediciones de los telediarios, o en las tertulias politico-económicas de las radios españolas al anocher. Porque el tema está que quema.

Pero, la vida sigue, más jodidos, un poco más pobres, pero sigue. Servidora sigue curándose de lo suyo, y podríamos decir que evolucionamos favorablemente. Peor, mucho peor están los mercados. De eso no hay duda.

En otro orden de cosas -que es una expresión abominable, pero qué vamos a hacer, no todo van a ser buenas palabras- la resaca de los parquets se confunde con la del fin de semana. Será que hay temporadas en las que todos perdemos: dinero, amor propio, neuronas. O todo eso si sales una noche y tenemos la desgracia de que nos den garrafón. Claro, la economía de subsistencia también está, más que nunca, en los bares.

Porque, ¿cuál se les antoja el sitio al que con más asiduidad van ahora los ciudadanos, seguido de cerca por las sucursales bancarias? Pues, a los bares. Eso es así. Aquí, e intuimos que también, si pudieran, en la China Popular. Será que las penas con resaca son menos penas, aunque tengamos más dolores de cabeza. Ain, que ya empieza el desvarío.
Contra la crisis, qué podría decirles: ¿paciencia? Contra el garrafón, el consejo lo tengo hasta menos claro, si cabe: ¿paciencia? y, eso si: Gelocatil.

Seguiremos informando, y gracias a todos por visitar este espacio.

martes, 7 de octubre de 2008

No sé lo que me pasa últimamente...

No dejo de espiar a mi vecino de enfrente...
Tengo un vecino que es una monada, pero guapo guapo guapo, requeteguapo. Digo. Y me persigue una bronquitis de tres pares de narices: y mocos toses mocos toses mocos. Ahora entenderán la consecuencia de una cosa por la otra y viceversa.
Todo a su tiempo, queridos.
Este chico, que parece tan majo, educado y limpio, así en un simple vistazo de estos ojos inquietos, es objetivo de miradas furtivas, reojos y reojillos desde mi cocina, el salón y aledaños. Ensoñaciones de una post adolescente. Lo sé. Qué le vamos a hacer. Reconozco mi parte de culpa, pero, el estado de parón laboral es malísimo por lo que tiene de inactividad neuronal, y el aburrimiento derivado, no hace falta que les diga que resulta muchísimo peor. Que se lo cuenten a mis bronquios. A las pruebas me remito.
Hagamos el recorrido por los hechos. Al llegar de las vacaciones, allá por septiembre, bronceada y feliz, todavía con el subidón que el descanso estival le da al cuerpo y a la mente, inicié la ardua tarea de conquista de esta persona, cohabitante del edificio de enfrente, que sólo puede percibir de servidora una silueta en la distancia. Y, teniendo en cuenta que son unos 200 metros, de ventana a ventana, los que separan nuestras vidas, la labor era complicada. Pero, los cortejos facilones no nos gustan; quizás sea porque creamos que en el mayor esfuerzo, hallaremos la máxima satisfacción por lo alcanzado.
Bueno, en realidad esto me lo digo yo, ustedes no tienen por qué ser, ni por asomo, tan pueriles como la que escribe. Desde luego, partimos de la base que su inteligencia supera con creces la de esta terapeuta perdida. Sigamos.
Entre las tácticas que ingenié para cautivar el corazón del guerrero, digo, del vecino, estaba una muy simple, tan básica, que normalmente es efectiva en la vida real; esto es, cuando a dos personas le separa una distancia relativa, y cuando escribo relativa no me refiero a 200 metros, vamos. Pues, al tiempo que deshice la maleta con la ropa de las vacaciones, cada día me ponía un modelito de verano (ropa que ya saben que no tapa, sino que insinua, y que, mucho menos abriga)
Imaginen, para ordenar la casa, hacer las tareas domésticas, hacer la comida... me colocaba de esta guisa y abría las ventanas de par en par, con la música a todo volumen para animar a mi espíritu, sin ser consciente de las maldades de las corrientes y de los rigores del incipiente otoño. Resultado: bronquitis, porque no se puede estar en tirantas y vestiditos a finales de septiembre, o incluso en octubre: resulta antinatural, insano, y va contra todo sentido común, algo que debo admitir que no me tocó en el reparto de virtudes...
Y aquí me tienen, tosiendo, bramando, esputando mucosidades. Todo ello por intentar alcanzar el objetivo indiscreto de mis ojos, que, dándose cuenta de mis continuas insinuaciones, al final terminó por mirarme un día.
Lo malo fue que al día siguiente, su señora novia, que caí en la cuenta de que regresa por temporadas al nido de amor, una rubia de cuidado, me pilló curioseando a su chico a través de mis cortinas, y con una intensa bajada de persianas, terminó con el cortejo. Chás.
¿Lo bueno? Que me estoy recuperando de la bronquitis, y que siempre me quedarán los vistazos de reojo cuando cocino por las tardes, y entonces él llega cansado del trabajo, y yo asiento con la cabeza mirando hacia su ventana, como diciendo, 'la cena está lista... tú te la pierdes'
Fin.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Joía vuelta al cole

Léase enfurruñado, pero contento.
O lo que es lo mismo: ¿conocen esa copla de 'cómo me jode la vuelta al cole'?
Pues, eso.
Miren, a mí, en aquellos días, me encantaba el olor del forro protector de los libros que aumentarían las dudas sobre el mundo y sus motivos; disfrutaba con la inercia especial de aquel instante en el que envolver conocimientos como caramelos, una práctica que poseía todos los ingredientes para pasarlo bien.
Forrar los libros. Un ritual cuidadosamente manual y renovado año tras año, en la época mágica que los septiembres seguían formando parte de un verano inacabado. Perenne. Inagotable. Porque entonces, aunque no lo supiéramos entonces, y tan sólo lo intuyamos ahora, siempre era verano.
Regresan los recuerdos y las ganas de estrenar lápices de colores; pintar y colorear todo lo que nos saliera al paso, sin temor a equivocarnos, a ensuciarnos o descubrir nuevos tonos; sombrear, perfilar, y poder borrar cuando nos apeteciera.
De este modo, repaso mentalmente la perfección con la que pretendían unirse las esquinas del envoltorio plastificado, que se adaptaba como una segunda piel a las tapas que cubrían las páginas, para subrayarlas más tarde; o que se dibujarían y colorearían, primero con flores o muñecos enormes. Garabatos incomprensibles, que terminarían transformándose, escondidos en esquinas recónditas, en esos corazones encantados, con nombres que ya no se repetirían el curso siguiente, y que desaparecerían dejando una estela de suspiros, convertidos en otros, para volver a llenar nuevas páginas de nuestra historia.
Después de este flash, sigo. La depresión post vacaciones, existe. Créanme, queridos. Mucho rollo de recuerdos, pero la tengo en todo lo alto, y esta vez es adulta, los síntomas coinciden, y resulta perceptiblemente desagradable a todos los efectos. Una birria, vaya. De mírenme y no me tosan. Tanto que me hace mirar mal al prójimo, desconocidos incluidos, con eso ya les he dicho todo. Con lo que es una de pizpireta y salada.

Les confieso que, si ustedes tienen la ventaja de haber dado esquinazo al puñetero síndrome de la hamaca que ya no se tiene, me congratulo deportivamente. Si ya lo superaron, reciban mis sinceras y afectuosas felicitaciones. Será porque yo he recién llegado y no me hago cargo. Ya que, mientras ustedes han hecho los deberes, han regresado, y se les ha pasado el sofocón, a la que redacta le persigue un reguero de lagrimones silenciosos, que salen invariablemente de los ojos y se preguntan por qué. Qué esta pasando, está pasando. Qué he hecho mal.
Nada, que sólo se acaba el verano, no el mundo, que a veces nos ponemos muy quisquillosos. Pues esa debe ser la actitud.
Que, ¿qué me pasa?, dirán. La joía vuelta, digo yo, que este curso creo que cambiamos de colegio a la niña ...

Keep on writting …

Y esta canción que sigue, aclaro desde ya que la escribo porque me apetece. Así es. Hacemos un dos por uno de lo más animado. Que aunque una esté aquí menos que un estreñido en un cuarto de baño, este sigue siendo mi blog. Las cosas como son, otra cosa ya es cómo se las cuente. En fín, siento la autocomparación con los estreñidos, y desde aquí envío un saludo cordial a los que pudieran sentirse aludidos. Esta canción es para ellos, y para todos. Tiene efectos beneficiosos, y si pinchan, hasta pueden ver el vídeo. Cómo es Xoel.
Espero que les guste. Sólo podía llamarse Rostro de actriz, claro.

Hay una trampa en cada cosa que dices
y mariposas que no nos dejan ver más allá.
Hay una puerta en tu rostro de actriz,
se desdice el profeta para poder entrar,
cuando suenan las campanas y entran los rayos del sol.
Cada vez que abres la puerta y desempañas el cristal.
Querremos volver a puerto una vez en alta mar.

En la calle hablan los ingenuos
y sé que otros callan por no decir la verdad.
A veces cuando parece sencillo, te sientes tan cerca
que el miedo no te deja entrar.
Cuando suenan las campanas y entran los rayos del sol.
Cada vez que abres la puerta y desempañas el cristal.
Querremos volver a puerto una vez en alta mar.

Hay una trampa en tu rostro de actriz,
se desdice el profeta para poder entrar.
Cuando suenan las campanas y entran los rayos del sol.
Cada vez que abres la puerta y desempañas el cristal.
Querremos volver a puerto una vez en alta mar.
Cada vez que abres la puerta y desempañas el cristal.

Ains, Deluxe.

jueves, 4 de septiembre de 2008

¿Es verdad?

Es verdad, que sólo eres la estela de mis planes buenos.
Tan sólo las ruinas de un palacio viejo. Es verdad.
Tan sólo las flores de un jardín desierto. Es verdad.
Tan sólo los peces de un estanque seco. Es verdad.

Es verdad, que no eres ni la pena ni el dolor, ni el frío.
Ya no eres ni la duda de un posible encuentro, es verdad.
Tan sólo las cenizas de quererlo todo.
Es verdad, tan sólo los residuos de un dolor perdido.

Tan sólo los residuos de un dolor perdido.

Es verdad, tan sólo los residuos de no tener nada. Es verdad.
Tan sólo las cenizas de un pequeño incendio. Es verdad.
Tan solo las ganas de creer en todo, es verdad.
Tan sólo el eco de no tener nada.
Tan sólo los residuos de quererlo todo.

Es verdad, ya no eres ni los posos de esta gran botella.
Ya no eres ni el rencor ni el temor ni la huella. Es verdad.
Tan sólo eres el polvo de un salón vacio, es verdad.
Tan sólo el silbido de aquel viento frío.

¿Es verdad?

Es verdad, tan sólo eres la estela de mis planes buenos.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Es lo que hay

Esta terapia es un poco para risa. Empezamos hoy, tras este laaargo paréntesis, con una dosis alta del autodrama que fascina a la que escribe. Ya saben. Imaginen. Lo de siempre.
Un día se les ocurre la feliz ocurrencia de comenzar escribiendo algo. Eso no hace mal a nadie, y menos cuando la intención es la de resultar ser de ayuda, en la medida de las posibilidades de esta escuchante innata, y siempre que ustedes se encuentren en la disposición de ser auxiliados por alguien, rescatados de lo que sea. Pero claro, puede acabar saliéndonos el tiro por la culata. Bueno, peor sería levantarse con la feliz idea de volarle los sesos al primero con el que nos crucemos, y ese no es buen plan. Por el momento, descartaremos esos pensamientos y nos centraremos.
Es por eso que, desde esta almena privilegiada, lo recomendamos: siempre es mucho mejor escribir, para quitarse la espinita que tengan, o la zozobra, y después ya se verá si tiene remedio el resto. Y el resto, traducido a un blog, a lo que viene siendo un minicuaderno de bitácora, es que no siempre se puede escribir, o no se puede demasiado, o cuando se puede es que no hay nada que contar. Luego, también está la pereza, que es tan mala como para que pueda ser un pecado. Pero es así, si te entra, te entra. Y si te pilla... lo que debiera traducirse en actualizaciones, en intentar contar despropósitos nacidos en una servilleta: se convierte en la Nada.
Y nada, nadando.
El verano aún no se acaba, y está siendo intenso, con un resultado tan sorprendente como alentador. No sabemos que pasará cuando llegue el otoño, pero este año, el verano se despedirá como una ola. Y olé.
Seguiremos informando.
Y disculpen las molestias, queda todavía un poco para empezar la Nueva temporada. En próximos episodios, el resumen de lo acontecido. Todavía estamos trabajando en ello. Es que no saben como cansa.
Gracias por su comprensión.

jueves, 7 de agosto de 2008

Un espacio propio

Todos necesitamos a veces un sitio, pero sólo nuestro. Un lugar que nos pertenezca en exclusiva, aunque sea por un pequeño lapso de tiempo. En el que tengamos todo el tiempo del mundo, que es el más caro y desconocido, para utilizarlo cuando lo precisemos. Como si ese fuera el único rincón del planeta en el que pudiéramos ser nosotros mismos, donde desconectarnos del todo y de todos. Y hacia el que desearíamos escapar a veces, o incluso donde escondernos siempre. En el que hacernos invisibles, justo en el momento que los demás encuentran para poder buscarnos. Y no querer que lo hagan. Y escapar, sólo escapar.

Ahora respira. Estás aquí. Siente el aire entrando por los pulmones. Inhala la tranquilidad que te brinda la nada, y quédate suspendido en el vacío inerme. Nadie escucha, no prestan atención a tus pasos, esos que te devuelven al lugar donde empieza todo, en el que al final no acaba pasando nada. El murmullo del viento es el que te recuerda que no estás tan solo, te dice que te quedes esperando sin prisa. Que sólo necesitas dar con el instante que te devuelva la calma, que te haga recrearte en lo que perdiste, y en lo que acabas de encontrar por casualidad. Hasta que caigas en la cuenta de que era lo que llevabas tanto tiempo buscando a ciegas.

Regresas lentamente a una estancia refrescante y diáfana. A la que se entra por un desvío con claridad frondosa, y en el que te encuentras agua, y hierba recién cortada acariciando tus pies. Un paraje en el que volver a respirar, llenado de nuevo los pulmones.

Muchas veces, se trata de una esquina oscura, en la que acabar cuando algunas lágrimas nos obligan a salir corriendo. Otras, se convierte en el espacio que nos insufla aquel oxígeno renovado, el que se respira en un refugio improvisado pero crucial. El que tendremos para acurrucarnos, y que nos servirá después, para estirar los brazos, cuando pase este extraño vendaval. Ya que,
No siempre damos con él.

Y aunque podríamos continuar siempre en su búsqueda, merece la pena el camino que recorreremos.

Porque ese espacio propio llegará cuando más lo necesitemos.

A pesar de que, escapar hacia él respirando aire que no nos pertenece, no será la posible solución en el mapa del tesoro.

Puesto que, en la vida no siempre tendremos el comodín de la llamada,

y quizás nunca nos atreveremos a utilizarlo.

Pero, es mejor no quedarse con las ganas.
Antes que esperar esa llamada perdida.

martes, 10 de junio de 2008

Un día es un día

Una revelación y otras manifestaciones del destino

Esta tarde me ha sido revelada una verdad: junto con otras manifestaciones del destino, para ser más exactos. Ahora, me encuentro en la dicotomía de ser la encargada de informarles del asunto, de tener que propagar al mundo unas cuestiones embarazosas, y no por ello sucumbir lapidada en el intento. No me dirán que no es chungo el tema. Pero cada uno que haga lo que estime conveniente. Y recuerden, automedíquense solo en presencia de su farmacéutico amigo.

Empecemos cuanto antes, para quitarme este peso de encima. Últimamente, ando enfrascada ‘un poco’ en la vorágine laboral que me absorberá a partir de julio, con traslado incluido, como lo hice el año pasado. Me encuentro ‘pelín’ agobiada, pero al tiempo, lenta de reflejos, y cansada en general. Será la abstemia de una primavera inexistente, o este incipiente verano lluvioso ‘tocapelotas’. Será que los paraguas se han convertido en compañeros incómodos y las ‘katiuskas’ en la sensación de la temporada. Será que llevo varios días teniendo un ‘este no es el día’, y como diría aquel, así sucesivamente.

Serán las noticias que llenan los informativos. Será que estamos al borde del colapso, del estado de sitio: reunidos los gabinetes de crisis y elucubrando los mandamases las soluciones urgentes. Será que nos quedamos sin abastecimiento de alimentos frescos, ni aire limpio; que los camioneros exigen sus derechos con retenciones, que los piquetes sortean a los coches y alguno no puede escapar de la muerte cuando se congela la huelga. Será que todo tiene un límite. Tiene que ser.

Será que mientras esto ocurre, el país queda paralizado por un partido de fútbol. Será que las penas con balones son menos, será que nos une como hermanos gritar al unísono y tocar el claxon, será que somos todos tontos, ¿será que me he vuelto una ‘talibán’? ¿Qué será, será? Después de que la selección le marcara 4 goles a quien fuese, y yo hubiera escuchado voces sin saber muy bien a qué se debían, salí del trabajo con la sensación de que me había perdido algo (esto suele sucederme a veces, perderme algo, no escuchar voces) Que había ganado España. Pues que bien. ¿Felicidades?

En medio de la felicidad general, me iba tan tranquila, pero pasito a pasito ligero, por las calles. En esta que veo un preludio de la Revelación. Traducido en una tienda que vendría a tener unos 10 metros. Con un folio escrito a mano (a mano chunga) en el cristal del escaparate, que rezaba de esta forma: 3 LIBROS 1€. Mis ojos hicieron ‘totoon-totoin’, y claro, allí me planté y en tu tienda me colé. Del escaparate, destacar ‘vasijas anteriores a la guerra de Independencia’, y otros tesoros. Ahora pueden dejar de leer, estimados lectores, cuando hayan caído en la cuenta de que la Revelación sólo la compromete a una, y no les facilita nada a los demás. Revelación personal, si quieren llamarla. Pero qué vamos a hacer, siempre pueden seguir leyendo, y jugar con su destino. Nada mejor que perderse en una tienda de libros con más años que una misma. Eso deberían hacerlo todos: no saben como sube la moral.

En el momento de incursión en la cueva de la sabiduría, había dos ancianos venerables ojeando incunables y otros textos. Uno de ellos se ha llevado casi media obra completa de Julio Verne y alguno de Jack London, nueve volúmenes en total. Del ambiente que había, podría decir que lo que allí se respiraba era saber, pero es que había muchísimo polvo (menos mal que no soy alérgica) La sensación de poder romper algo a cada paso crecía proporcionalmente a mis expectativas sobre los ejemplares que seleccionaría, como una barra libre de libros (un poco viejos)

Los elegidos han sido, en orden de aparición o porque así lo quiso el destino: por 2€

Crimen y castigo (Fedor Dostoievski)
Congreso en Estocolmo (José Luis Sampedro)
Charles Chaplin. El genio del cine (Manuel Villegas López)
Elogio de la imperfección (Rita Levi-Montalcini)
(Los últimos me los ha facilitado la chica de la librería, dejándose llevar, sospecho, por su intuición)
La abadesa de Castro (Sthendal)
Romeo y Julieta (W. Shakespeare)

Me pregunto, ¿creen en el destino?. La Revelación aclara que hay vida después de la Selección.
Ya está, y esta entrada, más el rollo adyacente, es porque me gusta leer, y al final he terminado el día contenta.
Gracias por su comprensión. A veces esta terapia puede ser un poco timo.. I know

jueves, 5 de junio de 2008

Terapia de choque para penas en observación.


(Pon la 3 que es preciosa)

Seguro que hubo alguien, fijo, que dijo alguna vez aquello de ‘la melancolía es buen sitio para ir de visita, pero resulta un mal lugar para quedarse’. Eso lo hemos leído, lo hemos escuchado, o nos lo hemos soñado todos. Digamos, que la nostalgia puede alcanzarnos si tenemos el punto patoso, y ciertas personas podrían encontrarse en esta situación: instaurados en una tristeza persistente, o rara, sin visos de salir de lo negro. Intentaremos, en el transcurso de estas inocentes y animosas líneas, poner a su disposición una de las muchas opciones que pueden escoger para seguir adelante. Elija, mójese, actúe. Esta vida absurda es lo que tiene, si no te mueves, pueden pisarte. Raras veces aprendemos a la primera, y cuando lo hacemos, es un poco coñazo.

Háganse cargo, queridos. Vamos a la faena: nada mejor que una terapia de choque experimental para hacer causa común contra la tristeza. Si la melancolía no les deja, únanse a ella. Verán como uno de los dos acaba por irse.
Se terminará la primavera sin habernos dado cuenta, y con eso le entra una inmensa pena a cualquiera. Acabará, como se disipa una mirada de reojo, y se liquida el luto por los suspiros perdidos. Los días que aparecerán en el horizonte se prevén inciertos, e ineludibles. Si lo suyo es el regocijo en el llanto, les daremos una receta para superarlo. Un experimento, un caso práctico. Les dará otra oportunidad para volver a empezar. Son libres de seguirnos, o no.

Desharemos las maletas, nos quitaremos los disfraces de turistas y las viseras de propaganda. Con la certeza de estar todavía preparados para lo desconocido, para que un día, si hay suerte y sea donde fuere, se nos revele alguna verdad.
Pero la verdad es que hay gente que es ‘triste’, tan cierto como que hay personas optimistas. En el primer grupo se encuentran aquellos que disfrutan de ese estado, y lo convierten casi en una forma de vida, porque forma parte de ellos, como su propia sombra. Han nacido así. Generalmente uno no se considera a sí mismo triste, pero se da cuenta de que muy animado, no es. Pero ustedes no son tristes, probablemente sean optimistas, perdónenme, pero podrían estarlo. En este caso se aconsejan estos puntos:

1.Asistir a un concierto. Para ser consecuente con el estado anímico, y apechugar.
2.Interpretado por una banda, conjunto o solista que no sea la alegría de la huerta, autodenominado ‘llorón’.
3.Ir con amigos, conocidos o familiares.
4.Tragárselo entero hasta con los ‘bises’.
5.Intentar disfrutar haciéndose conscientes de la superación de su pena.
6.Admitir que en el reino de los ciegos, el tuerto es el rey.
7.Pon la 3, que es preciosa:

"Tristemente puesta en pie, acaricias con los dedos la esperanza muerta. La torpeza y la vergüenza de este año que no fue, ese año que esperábamos tener. Y lamentas con miradas, lo que no se puede ni explicar, lo que no has guardado, porque al no ser lo esperado no quisiste ni archivar. Ni un solo momento, ni un segundo odiado, de este amor impuro y agotado, enfermo y delicado, pequeño y despistado que se apaga. Este amor se apaga, como se acaban los impulsos de tu amor, como terminan los mensajes que no mandas. Este amor se apaga.

Y repetimos los errores que si antes eran grandes ahora son enormes, lamentamos no tenernos uno al otro y darnos flores, que nos alivien un instante y cambien todos los perdones. Nuestra falta de cabeza es peor que la pobreza, porque no nos ha dejado tener nada. Este amor se apaga como se apagan los latidos de tu amor, como terminan las canciones que no acaban. Este amor se apaga.

Se apaga".


Nunca asistí al concierto de Iván Triste Ferreiro.
Los cleenex podrían haber sido mis aliados.

domingo, 1 de junio de 2008

lunes, 26 de mayo de 2008

Rewind

Recordar. Ahora recuerdo Marruecos. Antes, me había acordado de la declaración de la renta, y del borrador ése de pantomima. Después de cagarme en Hacienda, y en esta extraña confabulación que el universo y la economía mundial preparan contra mí, mejor pienso en Marruecos. Su color rojo oscuro, como tierra batida de ‘Roland Garrós’ después de un buen chaparrón.
Menos mal que recordar es volver a vivir lo vivido, pero con los ojos del que ha vuelto. Lo hacemos en condiciones distintas a las que tuvimos cuando nos íbamos, sin algunas cosas que perdimos en el viaje, y otras que encontramos deshaciendo maletas. Alguna de mis acompañantes, se compró unos pantalones, a otra la timaron, y uno se cortó el pelo, en fin, estas cosas que pasan en los viajes. Hace unos días, una chispa, de las que saltan a veces en mi cabeza, ha hecho ‘clink’ y ha facilitado que recuerde olores, sabores y colores. Qué maravilla poder evocarlos. Hace más de un año. Tres viajeros y un destino (bueno ya... peliculera total)

Miro hacia atrás, como Luz Casal, y es que me vienen todos los recuerdos. A mí me gusta viajar, me encanta, pero he de reconocer que en el plano ‘preparativos’, me vuelvo un poco croqueta si tengo la época croqueta. Es decir, a mí me viene bien todo, si dispongo de días y posibilidades de viajar. No suelo quejarme, ni soy quisquillosa. El año pasado no es que tuviera la mejor época, tampoco era la peor, pero bueno. Estaba en el paro, básicamente, y un poco perdida como sin querer tampoco encontrarme. Huidiza dentro de mi sociabilidad, un 3 en la escala 5 de asobinamiento. Manu, me convenció para que fuéramos a Marruecos, y al final, porque somos muy chulas y nos acompañó Vincent, y nos sentíamos protegidas, estuvimos en Essaouira y Sidi Kaouki. Las mejores playas… y unos jipi deluxe que ni os cuento…

Esto lo tendré que contar con más tiempo… hoy es que estoy un poco modorra…

P.D. Manu lo contó muy bien..

sábado, 24 de mayo de 2008

Las respuestas

La naturaleza es sabia y sólo algunos hombres, entes supremos por encima de todas las cosas, tienes sus respuestas. A pocos se nos dan todos los datos que necesitamos para comprenderla, y el mundo, inevitablemente: sigue dando vueltas sin otro sentido que el de no pararse, para que no nos vayamos todos a freír espárragos.

El triunfo de lo absurdo es, tan sólo constancia de la realidad: evidencia de lo desmedido de la vida. La que nos supera, en ocasiones, y que en otras nos hace aprender, que para algo estaremos vivos.
Sirva esta reflexión para dejar la constancia de que sólo un hecho nos supera: el tiempo, que también corre sin pararse. Puesto que, sólo los segundos tienen la potestad de definir nuestros caminos, encender relojes y poner en marcha el temporizador de nuestra existencia, de darnos la ventaja de decirnos, que no nos preocupemos tanto, no saldremos vencedores en esta carrera, siempre ganará la vida, y sus consecuencias.

Embarazadas. Ahora ellas están por todas partes. Las observo y me asaltan las dudas. La ternura y la zozobra. Pasean a cuestas con los frutos de la naturaleza humana, como quien ha dejado de ser una misma para ser responsable de alguien más. Un contrato de por vida, que une y algún día se rompe. La paradoja es grande porque semánticamente están, además, liberadas, desceñidas, sin cintos que las aten, sin cinturones que las aprieten: encinta. Sin ajustes de cuentas, porque quizás un sueño es el que va a dividir su cuerpo, para que latan dos corazones: porque ahora el suyo vela por alguien más.

Su cuerpo se modelará como una escultura que crece, para albergar otro cuerpo. Y sus formas se irán redondeando para guarecer sin esquinas al que guarda en su vientre.

Todo saldrá bien, seguro, y la vida nos dará su respuesta.

P.D. Es para ti, ya lo sabes.

martes, 13 de mayo de 2008

El escritor de deseos

Cuando era un niño, solía encontrarse casi siempre en las nubes. Desde muy pequeño, le encantaba quedarse mirando a las musarañas y contarles cuentos a las musas para que nunca lo abandonaran. Los adultos se empeñaban en saber qué era lo que pasaba por su cabecita, no se fiaban de alguien tan menudo y poco hablador. Hubieran querido controlar sus pensamientos, enterarse de sus aventuras imaginarias. Él no molestaba a nadie, era un niño tranquilo: tan sólo se quedaba pensativo y muy callado. Además, procuraba no hacerlo con la boca abierta, o la mirada perdida, porque sabía que su silencio era motivo de preocupación para sus padres. Pero, realmente aquello era lo que le más apetecía: abandonarse, y soñar. No fue especialmente travieso, ni particularmente gandul. Su único delito, si podía considerarse como tal, era quedarse solo, y pensar, imaginar, inventar...
Poco a poco, empezó a idear aventuras fantásticas, batallas increíbles. A veces, él era el héroe, otras el villano. En ocasiones, se encontraba salvando a la princesa de su torre, y otras se conformaba con ser el caballo del malo, lento y bobalicón. Cuando aprendió a escribir en el colegio, descubrió el gozo de unir las letras, enlazar las palabras, y darle forma a sus historias. Un día le ocurrió algo extraordinario.
Tenía siete años, y era tan pequeño que aún no sabía demasiado bien mentir. Su madrina le había regalado un bloc que llevaba siempre con él, y lo acompañaba donde fuera que fuese, como un fiel escudero. Se convirtió en su mejor amigo, su confidente y compañero inseparable. Lo llenaba de historias, en él dibujaba sus sueños y escribía sus aventuras. Una tarde, después de hacer los deberes, algo le sorprendió. Recordaba perfectamente que no había podido acabar la última historia que estaba escribiendo. Trataba de un intrépido aviador, que surcaba los cielos en busca de un tesoro suspendido entre las nubes, pero su madre lo llamó para cenar, y no pudo terminar el cuento. Al volver a su cuarto para retomar la historia, alguien había continuado el relato. Leyó muy nervioso lo que estaba escrito en su cuaderno con una letra que no era la suya..
"El aviador John Dreamer siguió surcando los cielos, y continúo incansable buscando el tesoro escondido. No paró hasta que lo halló en la cima más alta de la montaña más alta, donde tuvo que luchar contra el monstruo más grande de los conocidos hasta entonces. Después de vencer en singular batalla, consiguió su premio: era un libro, pequeño y brillante. Se llamaba 'El escritor de deseos', y ahora que lo había encontrado, él era su único dueño. La leyenda decía que aquel que lo poseyera, tendría la oportunidad de convertir un deseo en realidad: ¿cuál sería el deseo del aviador?...
¿CUÁL ES EL TUYO?"
Carlos tiró sin querer el bloc al suelo, temblaba de emoción. Entonces cerró los ojos, y deseó con todas sus fuerzas llegar a ser escritor. Publicar alguno de sus relatos: que sus palabras pudieran hacer soñar a la gente, que sus frases quedaran suspendidas en los labios de un enamorado recordando a su amada, que sirvieran para reconciliar a una pareja de amigos enemistados, y que valieran para provocar una sonrisa cuando el alma llorara.
Al abrir los ojos, recogió su cuaderno: ¡estaba en blanco! todas sus historias habían desaparecido, se habían esfumado todos sus personajes. Sólo había una frase en la última hoja: 'Cualquier sueño que merece la pena ser soñado, es un sueño por el que merece la pena luchar'
Carlos se hizo mayor. Luchó por su sueño, y lo hizo realidad.

martes, 15 de abril de 2008

Yo que tú, no lo haría

No gano para disgustos. De verdad, como es la vida, que un día estás arriba ole ole ole, y otro te encuentras recogiendo tus propios pedazos. También es verdad, que al tratarse de una jovencita inocente y cándida, como es mi caso, hay ciertas cosas que me impresionan mucho más que a otras personas decididas, de fuerte carácter. Pero, por aquí no paso, y desde este mi particular feudo, me quejo a quien corresponda: Instituciones, medios de comunicación, autoridades. Ahora no sé qué hacer, a quién dirigirme. Todo a mi alrededor se derrumba y la zozobra me mantiene en un estado de semi inconsciencia repentina. Espero que me dure menos el shock que cuando me enteré de que dentro de mi ídolo, Espinete, había una 'señora de 30 años', o eso decía la leyenda urbana cuando yo tenía 6. Qué vida ésta... cómo se derrumban todos nuestros ídolos.
Después de lo contenta que me encontraba ayer por la toma de posesión de Carme Chacón, esto era lo que me faltaba. Pero cogeré el toro por los cuernos. Lo que ha pasado es super super fuerte, diría que hasta podría herir susceptibilidades. Contaré los hechos como son, después ya que cada uno saque sus propias conclusiones y abrimos un debate con turno de preguntas. Aunque, me pregunto antes, lectores: si la arruga es bella ¿también lo son las canas, los michelines y las cartucheras? Desde mi humilde punto de vista, sí que lo son. Siempre que existan con un conocimiento de causa, y si queremos que así sea. Es decir: Más vale un michelín en panza, bien puesto, que una infiltración de botox por ahí desparramada... e injerto volando.
Pues nada, parece que George no piensa lo mismo. George, con lo que es él, con su curriculum, la de novias que ha tenido, y con lo bien que le queda todo lo que se pone. Ahora le ha entrado la tontería de que quiere teñirse las canas, parecer más joven, usar Just for Men ¿Para qué, por qué nos haces esto, George? Estoy convencida de que las legiones de fanes que hacemos surcos de baba a su paso, no se lo perdonaremos. Seguro que a ellas, como a mí, les gusta Jorge con esas canas, con bolsas, con ojeras, michelines, o sin nada. Ayayayayay. Literalmente, creo que sin nada es como más le puede gustar George Clooney a sus admiradoras. Quizás con esta estrategia lo que pretenda el madurito galán sea rebajar el target de su público, gustarle a las quinceañeras. Pero, no te engañes, George, no te equivoques, las que te hemos hecho famoso hemos sido las otras. Nosotras, no esas jovencitas.

Bueno, ya he empezado a recoger firmas contra esta aberración. El dato que les he dado me parece lo suficientemente grave como para que todos nos movilicemos por esta causa: Salvemos las canas de George Clooney, por una madurez sin complejos, por una vida sin tintes.

P.D. Esta entrada sí que me ha quedado femenina. Ya. Lo sé.

lunes, 14 de abril de 2008

España es la caña

Este blog se actualiza menos que la carta del Burger King, lo sé. Disculpen este hecho del que me proclamo única y auténtica responsable. Cuando la falta de tiempo aprieta, lo ideal sería no derrocharlo con perdones y buenos propósitos para la entrada que viene. Pero, si una es de naturaleza llorona, no puede evitarse hacer el numerito, para alegría de los fanes y con la indulgencia de los que no lo son tanto (qué se le va a hacer: nunca llueve a gusto de todos) y así, como quien no quiere la cosa, ya me he ventilado un párrafo.
Comenzaremos diciendo la obviedad de '...ha pasado mucho tiempo', que parece que es una frase/pregunta tan recurrente como el 'y qué tiempo hace por ahí'. Pues, por aquí han pasado el tiempo, las noticias y las lluvias. Las noticias, en general, no son del todo desalentadoras. Entre todas las que se han producido y se producirán a lo largo del día, en este planeta y territorios adyacentes, me apetece a mí resaltar una. Que no digo que sea la única, ni la que merezca la pena ser señalada, sino la que subrayo porque me da la gana. Y como dice L'Oreal, porque yo lo valgo.
Ya me estoy viendo que esta entrada va a quedarme de lo más femenina/inista, y que puede que no cuente con el beneplácito de ustedes, queridos lectores, fuere su sexo el que sea, pero es lo que hay, me he levantado hoy así de respondona.

Al lío. Se produce en el día de hoy un hecho insólito que me provoca mucha esperanza, y también alguna duda: las tropas, los ejércitos y la cúpula militar se ponen en fila india. El dato sería que, por primera vez en la historia de nuestro país, una mujer pasa revista. Lo que han hecho las madres de toda la vida, antes de que saliéramos de casa al colegio, para evitar que lo hiciéramos con el moco colgando. Pero, claro, a otro nivel: la primera ministra ante la que se ponen firmes los soldados y sus superiores. Toma ya. Titularazo.
A mí este detalle me hace mucha ilusión, sobre todo porque no se me escapa que esta mujer, además de ministra, está embarazada. Imagínense lo que podrá contarle a su futuro hijo. Literalmente, la de batallitas que le contará su mamá. Bromas a parte de lo novedoso de la situación, el futuro parece que es más alentador para las mujeres. Se intuye tan incierto como el de los hombres, pero al menos ésta es la demostración visible de que podemos hacerlo igual. Igual de mal, o igual de bien que los hombres. Bueno, aunque de momento no parece que vaya a haber ministros hombres que ejerzan su trabajo embarazados.. aunque nunca se sabe.
Es por ello un placer para mí, parafrasear a la ministra y a Cine de Barrio, y proclamarles: Tanino-ninonino-niiiiiiii-que-viiiiva-espaaañaaa...

lunes, 24 de marzo de 2008

Retenciones y otras visicitudes

Qué bien sienta el descansito al alma. Levantarse tarde, desayunar más tarde, tardísimo. Amanecer a la hora del almuerzo: desperezarse entonces y permitir que se nos peguen las sábanas a los mofletes sonrosados, de lechones despreocupados. Hacer el recuento de las horas que nos quedan para seguir haciendo nada, y rascarnos las barriguitas a dos manos. Mantener nuestra mirada perdida y suspendida en el vuelo de una inocente mosca: darnos el lujo de tener la mente abierta a la diversión o al descanso. Saludar, insolentes, al recurrente vicio de la ociosidad. Qué bueno hacer el vago, qué alivio para el cerebro, embotado de actividades neuronales.

Pero... qué pronto se acaba lo bueno, señores, qué cortas se hacen las vacaciones y qué dura durísima es la vuelta al trabajo. Daremos gracias, al menos algunos tenemos un trabajo al que volver, y un hogar que también nos espera, aunque sea de alquiler. Como cada año, la Semana Santa ha pasado imparable, con su poquito de procesiones, sus nazarenos morados, sus cirios y sus saetas güenas -Aa-aa-aa-y-y-yyy, al cielo con ella!!
Procesiones de coches, además, han llenado las carreteras españolas: sálvese quién pueda, se escuchaba, porque todo el mundo había cogido el coche estos días. Horas interminables de retenciones, cuánto falta y me hago pis. Todo sacrificio era poco para acabar llegando a un incierto destino, en el que descansar del estrés laboral y del aborrecido vehículo propio. Pero, ¿de verdad se descansa en los días libres?. Lanzo estas cuestiones a la concurrencia, -que espero haya despertado del letargo vacacional, pssst
- Que levante la mano quien conozca a alguien que no se ponga nervioso al emprender un viaje, cualquiera (en coche o en cualquier otro medio de locomoción)
- Que levante el talón izquierdo el que no se desespere al hacer la maleta para una semana de asueto, que, curiosamente acaba ocupando lo mismo que la que hacemos cuando nos vamos un mes (esto por si llueve, esto por si me baño, esto por si hago submarinismo, esto por si me tiro por un barranco..)
- Que levante la ceja derecha quien no haya perjurado no volver a salir de viaje cuando lo hace todo el mundo, y concentrarse en ser auténtico, ahorrándose así un tiempo valiosísimo en los desplazamientos hacia supuestos destinos de divertimento, que consiguen exasperarnos antes de llegar.
- Que levante la ceja izquierda aquél que haya descubierto que no ha descansado nada en Semana Santa, que ha dormido menos horas, ha salido y bebido más y ha gastado más de lo que puede permitirse.
Para eso están las vacaciones: terminar quejándonos por todo debería pasar a ser el deporte nacional. De este modo, le ahorraríamos el papelón a la selección española de fútbol para quedar siempre en cuartos.
¿Retenciones? No, retenciones de verdad, las del IRPF.
Feliz regreso, amiguitos


jueves, 13 de marzo de 2008

Las cosas como son

España ha votado. Ya tenemos presidente del Gobierno. Y representante para Eurovisión. Zapatero y Chiquilicuatre. Qué os parece. A mí total, sobre todo el segundo, con ese tupé de pega y aquellas bailarinas que se tropiezan subiendo los escalones del escenario. Parece increíble, que en un mismo fin de semana puedan pasar tantas cosas, tantos acontecimientos insólitos, tantas designaciones fortuitas. También fue el cumpleaños de Maricasti. Ahora ella no puede mantener su mente en blanco. Le asalta la melodía del chique-chiqui y su cerebro siente un 'cruzaíto'. A mí me ha pasado lo mismo. Con suerte nos pasa a todos y ganamos Eurovisión. Previo petamiento de teléfonos y SMS: Salva a Chiquilicuatre, qué filón. Mal que le pese a Uribarri.
Mientras, y si San Wifi no lo remedia, sigo sin poder disfrutar de conexión en casa, lo que se traduce en una demora actualizadora. Lo que viene estando en la inexistencia de las mismas, su absoluta desaparición. De hecho, a mí no me está viniendo mal escribir una vez a la semana, a toro pasado. De esta forma, me ahorro la profusión de datos inservibles y análisis variopintos acerca de las elecciones: las consecuencias, el futuro del país y del planeta, y el resto de cosas que le preocupan a la gente a la que le gusta estar informada. Como sé que no es vuestro caso (porque no estaríais leyendo esto) me tranquiliza saber que el servicio público que hago, es en realidad una nimia autocomplacencia, y que podéis vivir sin ella. Ya me siento mejor.
Las cosas como son, no puedo contar mucho más, porque desde que esto ha dejado de ser una obligación, se me ha secado la imaginación, que no las ganas. Como la Semana Santa está a la vuelta de la esquina, y para no abrir la Terapia, si no va a presentarse nadie, me despido hasta después de las vacaciones. Como en el cole. Haced los ejercicios y sed buenas personas, aunque cueste un poco más y se os ponga cara de tontos. Que el sol os acompañe sea cual sea vuestro destino, que el asueto os devuelva la calma y que os depare sonrisas.
Una servidora intentará hacer lo mismo.
- Buenas tardes y buena suerte
- Gracias, pero no juego
(Anónimo)

jueves, 6 de marzo de 2008

SincOnexiónStop

Me han trincado. Stop. Me vigilan. Stop. La información enviada a través de esta red no está cifrada. Stop. Puede que sea visible para otras personas. Stop. ¿Desea continuar? Stop. Qué remedio. Stop. Conectar de cualquier forma. Stop. Cancelar. Stop. No puede conectarse a la página. Stop. Se acabó. Stop. Algún día tenía que ocurrir. Stop. Que malo es acostumbrarse a lo bueno. Stop. Qué malo es ser lo peor. Stop.

Concluyó la barra libre.

Finalizó esta comunicación indispensable por falta de medios reales y gravosos. Desgraciadamente, se rompió la pasarela justo cuando cruzaba el puente. Debí haberme hecho a la idea de que ser una intrusa tiene un precio. Lo bueno es que lo estoy pagando, y lo mejor es que no me arrepiento. En estos casos suele decirse aquello de y que me quiten lo ‘bailao’, y añado que, para lo que me queda en el convento, me cago dentro. Qué despropósito. El resumen podría ser que si te metes donde no te llaman, terminan por echarte, y en el fondo sabes que no tienes derecho al pataleo, porque estabas de prestado. La vida es que es asín.

Un tiempecito debe haberse pasado - un adorable vecino de esta nuestra comunidad virtual, compartiendo conmigo su seductora conexión. Amable y desinteresadamente, él la había dejado libre, sin compromisos. Desde aquí le doy las gracias y me congratulo, como parte contratante, por su buena fe para con el prójimo, así como por su astucia. También debo darle la enhorabuena al haber activado sus controles de seguridad. Funcionan a la perfección, porque me han pillado. Ahora entiendo para qué sirven las actualizaciones, todo cobra sentido. Es que yo le daba al no, él ha debido darle al sí. A mi la margarita se me ha quedado pelada. Así que estoy muda. O también sin muda. En bolas. De mudanza internauta. Fueron otros los que silenciaron mi voz en la red. Los que apagaron esta chispa de un soplo. Seguro que muchos se alegran. ¿Lo harán?. Qué malos pueden ser algunos.

Son demasiadas cosas las que debería haber escrito, y muchas sobre las que me habría encantado divagar, con lo que me gusta a mí eso, pero tengo poco tiempo que he de aprovechar. Ahora el tiempo es oro, y miren que no me gusta nada esta frase, porque a los ‘mileuristas’ no nos sirve de mucho, se nos queda en calderilla. Esta semana han pasado muchas cosas. El debate - o segunda vuelta. Forúnculos cebados. El pilates y el maravilloso mundo de los gimnasios. El ritmo laboral que ha aumentado, y la conexión que ha disminuido. Total, una lástima.

Debatir según la RAE es altercar. No alternar, chicos, que no es lo mismo. De hecho la palabra altercado en sí misma ya se define como chunga. Altercado implica disputas, contiendas. Intercambiar puntos de vista no entra como una definición al lado de debatir en el diccionario de la RAE, menos le va a entrar a los políticos en sus curtidos cabezones. Una servidora no puede opinar de este cruce de denostados esfuerzos políticos, porque sólo pude ver unos quince minutos del famoso debate, tirando por lo altísimo. Tuve que dejar de hacerlo porque empecé a sentir que los poderes de Rappel me eran traspasados: parecía como si supiera lo que iban a decir. Entonces lo decían. Lo más grande, es que lo habían dicho la semana pasada casi con los mismos términos. No faltó ni la niña. Y me entró mucha pereza. Eso sí, la cobertura del acontecimiento me la tragué en toda regla desde las ocho y media de la tarde. Cumplí como ciudadana, con un presentimiento de altura democrática reflejada en el resto de mis convecinos, al menos los que salían en la primera. Pero, me desenchufé y me trasladé al off, planteándome la quiromancia como ingreso extra laboral.
Seguiremos informando. Le pese lo que le pese al que le pese.


viernes, 29 de febrero de 2008

Santa Lucía

Ignacio Miranda ojea con desgana el resumen de prensa que le ha dejado en su mesa el equipo de comunicación; el que se encarga de leerse cada noche los diarios, antes de que lleguen a los kioscos, y sus portadas salpiquen los informativos de la radio. Sin haber descubierto el mensaje escondido, mira la hora en su reloj de pulsera, que marca las 7 menos cinco de la mañana.
Entre las páginas del dossier, plagadas de noticias que hablan de la compañía que dirige, se deslizan unos folios manuscritos, con una caligrafía precisa y sin artificios. Un atisbo de curiosidad se refleja en sus pequeños ojos y no puede evitar coger su inseparable lupa; mirar a través de la ventana de su despacho hacia la oficina vacía, bajar las persianas y cerrar la puerta por dentro. No tarda en ponerse a leer, intrigado, lo que aquellas líneas le dicen y susurran.

Estimado D. Ignacio:

Los caprichos del destino son inescrutables, créame. Pero, le garantizo que ante mis inocentes ojos, no había nada más evidente ni menos delicado que su forma de mirarme. Cada vez que de un vistazo lo encontraba vigilándome, la desvergonzada y falsa precaución que mostraba inicialmente su rostro, se desvanecía aliviada ante mi sorpresa.
Insisto, D. Ignacio, esta vez por escrito, en que por mi parte no se produjo en caso alguno, correspondencia al supuesto interés que mostraba hacia mí, estoy absolutamente segura. Por lo que el motivo de esta carta es tan claro que preferiría ahorrarme algunos detalles, agradeciéndole de antemano la lectura de esta confesión e irrevocable dimisión.

Era a mí, señor, yo pensaba que usted me examinaba a diario, constantemente. Disculpe la reiteración, pero no podía evitar sentirme incómoda cada vez que le veía aparecer andando por aquel pasillo, hasta pasar inevitablemente por mi lado, e incluso cuando me echaba miradas desde su despacho. Un calor repentino me subía desde el pecho y mi cara terminaba pareciendo una estufa. No sé si llegó a reparar en que cada vez que presentía su acercamiento, sacaba de mi cajón aquel abanico rojo tan pequeño que acabó acompañándome como un talismán.

Como sabe, llegué hace ocho meses a esta oficina, tiempo suficiente para que constatase una actitud más que disciplinada por mi parte. He de reconocer que intenté desempeñar mi trabajo con la más absoluta indiferencia ante sus escrutinios, puesto que era mi superior y le debía por ello un respeto.

Hace semanas intenté poner fin a esta situación, que me impedía desarrollar eficientemente mis compromisos laborales. Decidí confesarle que no me era indiferente, sacando fuerzas de sofocos, y decirle que estaba dispuesta a escuchar lo que me quisiera decir, cualquier propuesta. Para hacérselo saber, le envié un correo electrónico, que respondió como todos su asistente personal, citándome en su despacho la semana siguiente, en la que nos encontramos, señor. Cuando lea estas líneas furtivas faltarán casi dos horas para la cita. Pero no acudiré, señor, por el motivo previamente mencionado: no me es usted indiferente y no puedo acceder a verlo a solas, ahora que usted conoce mis intenciones. No ahora, que ya sé la verdad, y que con esta carta le adjunto también mi dimisión.

Ha sido un verdadero error. Lo que yo no imaginaba, lo que nadie me dijo, es que usted tiene nueve dioptrías en cada ojo. Que no ve tres en un burro, disculpe señor. Debí darme cuenta de que fruncía demasiado la vista cuando se dirigía a alguien de cerca, y debió de darme la pista el hecho de que a mí me mirara de lejos, entre perdido y aliviado. Ahora ya sé que no me miraba a mí, lo sé señor. Lo sé todo, debía mirar el reloj de números gigantescos, que pendía de la pared, a la altura de mi cabeza.

Debí haberlo entendido hace ocho meses, el primer día que tuve el placer de dejarle sobre la mesa de su despacho un dossier de prensa en formato DIN A3.

Espero acepte mis disculpas.
Atentamente,

Julia Mariategui Hernández.

Ignacio Miranda accionó el mando que subía las persianas de su despacho. Efectivamente, el hueco de aquella silueta que solía encontrarse bajo el reloj, y que se acompañaba de un revoloteo rojo, estaba ya vacío.

Nada hay más extraño ni más delicado que la relación entre personas que sólo se conocen de vista, que se encuentran y se observan cada día, a todas horas, y, no obstante, se ven obligadas, ya sea por convencionalismo social o por capricho propio, a fingir una indiferente extrañeza y a no intercambiar saludo ni palabra alguna. Entre ellas va surgiendo una curiosidad sobreexcitada e inquieta, la histeria resultante de una necesidad de conocimiento y comunicación insatisfecha y anormalmente reprimida, y, sobre todo, una especie de tenso respeto. Pues el hombre ama y respeta al hombre mientras no se halle en condiciones de juzgarlo, y el deseo vehemente es el resultado de un conocimiento imperfecto.
Thomas Mann. La muerte en Venecia.

miércoles, 27 de febrero de 2008

Se buscan electores

Ser de la izquierda, es como ser de la derecha,
una de las infinitas formas que el hombre puede
elegir para ser un imbécil.
José Ortega y Gasset

Como si de una final de Copa se tratara, este lunes asistimos a la ida: el que sería el primer debate entre los dos principales candidatos a la Presidencia del Gobierno. Les recuerdo que estamos en campaña electoral, mal que nos pese. Es el segundo 'enfrentamiento dialéctico' que se celebra en quince años, desde aquél entre Felipe González y Jose Mª Aznar. Para ser una sociedad que vive en democracia, pareciera que a los políticos no les gusta demasiado salir en la tele en este tipo de contiendas verbales, a saber... por saberse escrutados en directo. Como muestra, la escasez de ellos a lo largo de los últimos tiempos. Aunque al electorado, sí que le atraen: fueron trece los millones de espectadores/electores los que siguieron tan encendida discusión entre ambos candidatos.

Las reacciones de la prensa al día siguiente, y las de los sondeos aquella misma noche, fueron tan variadas como lo son las distintas líneas editoriales. Quizás la premisa era que ganaba el electorado, que tendría la oportunidad de ver cómo uno y otro defendía sus propuestas y explicaba sus ofertas de cara a la cita del 9-M. Nada de eso. Al menos, en esta primera ocasión, tampoco ganaron los electores. Hubo más de lo mismo, más de lo que hemos vivido y ha dividido en esta legislatura: reproches y acusaciones a tutiplén. Será que España se rompe, pero se rompe sin argumentos y adolece de aburrimiento.

Siempre se dice aquello que uno necesita
decir, y que no entenderá el otro; el hablar
es cosa destinada a uno mismo.
Marcel Proust

¿Podría decirse, entonces, que han ganado los electores?
¿Habrá servido el debate para algo que no implique más enfrentamiento?
¿Seremos más felices ahora que se supone que estamos más informados?
No sé yo…

Hay dos maneras de conseguir la felicidad: una,
hacerse el idiota; otra, serlo.
E. Jardiel Poncela
Esperamos ansiosos la segunda vuelta.

lunes, 25 de febrero de 2008

Se buscan lectores

¿De cul(t)o...?

En esta nueva andadura ante el teclado y la página web en blanco, nos hemos propuesto un nuevo reto. El objetivo de esta terapia ha sido siempre el de superar miedos y vencer inseguridades. Fomentar el debate y la apertura de miras. Ayudarnos a superar nuestros fantasmas y malas vibraciones. Pues bien, animando a la concurrencia a compartir reflexiones (a los dos que a veces nos leen) en la sesión de hoy reflexionaremos acerca del término y el significado de: ‘de culto’: El criterio que define que tal o cual obra merece ser objeto de la alabanza de la crítica, y el consiguiente aplauso del público. O todo lo contrario, como ‘de culto’ también se definen ciertas tendencias o propensiones elitistas, que se quedan más en pretensiones minoritarias. Querríamos, pues, llegar al meollo, a la esencia de lo 'de culto', que es lo oculto a nuestra razón: ¿existe lo 'de culto'
¿La expresión ‘de culto’ implica muchas/pocas connotaciones positivas/negativas? (¿cuando algo es ‘de culto’ sólo implica al ‘culto’ y a un amigo, o dos?, ¿todo es susceptible de ser ‘de culto’?)
¿’De culto’ son todas aquellas obras que no podrían de dejar verse/leerse/escucharse? (que… ¿se queda bien si se dice que se ha visto, leído, escuchado?) ¿Está la anterior pregunta ligada a la difusión masiva/ínfima?
¿Deberíamos abandonar esta terapia? (¿será esta terapia de culto y no nos hemos dado cuenta?, ¿podríamos desaconsejar su uso, aunque no la leyera nadie?)

¿Será que en vez de ser ‘de culto’, lo que vamos es ‘de culo’?

Se agradecen las condolencias, sea lo que sea...

jueves, 21 de febrero de 2008

Mememaníaca

La puerta mejor cerrada es aquella
que puede dejarse abierta
Proverbio chino
Ya estamos, amigos. Unos van abriendo puertas, mientras otros nos conformamos con cerrarnos las heridas, que dijo la gran filósofa, a la par que súper millonaria y número 1 en ventas, Gloria Estefan: ¿qué opinará sobre la noticia de que Fidel Castro se haya pedido ser cascarón de huevo? mejor dejo las divagaciones que me pierdo, y así no llegamos a ninguna parte.

Les sitúo: hay personas humanas en el mundo, con un cerebro y dos ojos, que son claramente superiores al resto y se empeñan en encomendar misiones a diestro y siniestro. Lo consiguen salvándonos, a las mentes adormiladillas, del letargo facilitado por la recurrente apatía. Inventan teorías o términos y, no sin esfuerzo neuronal, dan significado a ciertas palabras. No habrá cosas más interesantes que hacer en estos días de primavera adelantada, no habrá parques y exposiciones que recorrer… nada.
Nada mejor que la insistencia de ciertos entes, que se paran a pensar todo el rato, y encima exigen que el resto hagamos lo mismo. Está bien, por esta vez claudico, pero necesito llegar al origen de mis males y mis desvelos. Saber que lo que pienso tiene sentido, o comprender por qué no lo tiene. Y si no lo tiene, por qué no lo tiene y si lo tiene, por qué lo tiene.

Todos los órganos humanos se cansan
alguna vez, salvo la lengua
Konrad Adenauer


Anai can demor, no puedor
Chiquito de la Calzada
Todo comienza cuando mi venerada Nootka me engancha a la fugacidad de un ‘meme’. ¿Qué es un ‘meme’? ¿Me-me he perdido algo? uf. Estaríamos hablando, queridos, de “la unidad teórica de información cultural -para que se transmita de individuo a individuo" O de una mente a otra. Chium. Puro neologismo, porque el 'meme' en cuestión me demanda 6 manías y 4 enlaces al jueguito: lo que resulta de lo que es la síntesis de la transmisión de la unidad teórica de cultura. La madre del cordero. En mi pueblo, puro cotilleo: mercadeo de susurros, barra libre de murmuraciones. Pues al lío, que el tema me apasiona. A estas alturas no sirve de nada esta manía de hacerme la interesante.
Ya he cumplido algunos de los deberes a los que me ata el memecago: enlazar a la que me enmarronó. Faltan otros tres enmarronados, que son:
  1. Caracolillo, que tiene un blog por el que vale la pena pasar, para mecerte al ritmo de sus preciosas palabras.
  2. Nay, que no actualiza el suyo desde la primera edición de Operación Triunfo, o desde que hizo la primera comunión, con lo que el memeúltimatum puede encontrar sentido en sí mismo.
  3. El Naúfrago, que casi no navega por estas aguas, pero que de este modo puede darse un chapuzón en estos lodos cibernéticos, y está obligado a comentar.
And the mememanías goes to:
  1. Recurrir a canciones/frases conocidas cuando no sé cómo empezar una frase. Supero así el miedo a la página en blanco.
  2. Perderme entre líneas, divagar.
  3. Buscarlo todo en la wikipedia.
  4. Abusar del diccionario de la RAE.
  5. Pensar que Google tiene LAS respuestas, y enlazarme.
  6. Escribir mi nombre en este buscador, y consolarme viendo imágenes de mis otros yo's.

(Y pensar que mis manías encuentran su acepción correcta en la cuarta de la palabra furor, y han quedado claramente expuestas en esta entrada, iujuu )

miércoles, 13 de febrero de 2008

Soledad desnatada con sabor a limón

Los cambios aparecen como condicionantes impuestos por el destino. Benditos sean. Supongo que nos sirven para hacernos mayores, reordenar prioridades y recordar aquello por lo que luchamos. He de admitir que desde que se produjo la transmutación laboral requerida en mi incierto futuro, soy otra persona. Me ha cambiado la cara y hasta me sorprendo sonriendo a escondidas, como antaño.

Desgraciadamente, sigo sin medir un metro ochenta y otras menudencias efímeras, pero he dejado de ser la versión desmejorada en la que me convertí hace unos meses, y voy aproximándome a la versión original de lo que quisiera ser (que en estos tiempos que corren ya es algo) Porque a veces, las satisfacciones más grandes son las menos lujosas. En muchas ocasiones sólo tenemos que ser pacientes.

En este momento de positivismo que me invade, recibí ayer en el despacho de mi nueva jefa a un amigo entrañable. Nos conocimos este verano y entre nosotros surgió una química casi instantánea. Antonio apareció a media mañana sin avisar, como llegan los telegramas portadores de buenas noticias, llamando despacito a la puerta y con sus ojos vivos reflejando buenas sensaciones. Su cara de sorpresa al encontrarme allí fue memorable, la mía al verlo no pudo esconder una inmensa alegría.

En los casi cuarenta minutos que estuvimos hablando, a ninguno de los dos se nos borró la sonrisa de la cara. El reencuentro nos había resultado tan gratificante que entendimos que era el momento para que fuéramos juntos a ver la película que le había emocionado hacía poco, La Soledad, obra que me confesó que le había llegado muy hondo. Por encontrarnos los dos en un estado de subidón emocional, podríamos hacer frente, como almas sensibles que somos, al espectáculo lacrimógeno. La película es muy dura, me dijo. Pues mejor que vayamos ahora que estamos en la cresta de la ola, pensé.

De este modo, quedamos esa misma tarde en los cines Ideal para lo que sería, sospechaba ingenua, una velada triste. A la sesión de las diez. Tan concienciada estaba para reflexionar y emocionarme con La Soledad, ganadora del premio Goya a la mejor película de este año, que decidí visitar a la amorosa Manu que vive por esa zona, y que siempre es un motivo que me alegra la existencia. Juntas paseábamos por la Plaza de Jacinto Benavente, cuando faltaba media hora para mi cita con Antonio, instante en el que reparé que alguien me llamaba.

Era él, Antonio iba con un chico. Sonreímos pensando en la coincidencia. Él, a su vez, acababa de encontrarse con un locutor al que admiro y al que profeso un secreto y platónico amor (que confieso ahora porque no creo que jamás sepa de mi existencia más allá de estas líneas) O sí. Mi cinéfilo amigo me dijo que este periodista haría la presentación esa misma noche del nuevo disco de Javier Limón, joven músico y productor, y uno de los jóvenes talentos de nuestro país.

Decidimos, no sin dudas, cambiar el plan solitario por el populoso. Y allá que nos encaminamos los cuatro, divertidos. Menos mal que lo hicimos. De repente, nos encontramos asistiendo a un conciertazo ejecutado de forma magistral por J. Limón y su banda, que además contó con las colaboraciones de la fabulosa Concha Buika y el cantaor Rafita.

Los músicos comenzaron interpretando una maravillosa versión de Suspiros de España, que describía tan bien mi postura mirando al escenario, y de reojo a mi admirado locutor, que asistía al espectáculo entre el público presente, plagado de caras conocidas y otras a las que les encantaría serlo. Famoseo sentado en las butacas y arte en estado puro sobre el escenario. Como colofón, el taconeo de Farruco me trasladó a la realidad, y después al cóctel en el patio donde se celebraba el evento, en el Colegio de Médicos de Madrid. Una velada irrepetible. Un capricho del destino, una soledad que se transformó en un lujo. Un placer con sabor a limón.

P.D. Gracias siempre, Antonio