martes, 7 de octubre de 2008

No sé lo que me pasa últimamente...

No dejo de espiar a mi vecino de enfrente...
Tengo un vecino que es una monada, pero guapo guapo guapo, requeteguapo. Digo. Y me persigue una bronquitis de tres pares de narices: y mocos toses mocos toses mocos. Ahora entenderán la consecuencia de una cosa por la otra y viceversa.
Todo a su tiempo, queridos.
Este chico, que parece tan majo, educado y limpio, así en un simple vistazo de estos ojos inquietos, es objetivo de miradas furtivas, reojos y reojillos desde mi cocina, el salón y aledaños. Ensoñaciones de una post adolescente. Lo sé. Qué le vamos a hacer. Reconozco mi parte de culpa, pero, el estado de parón laboral es malísimo por lo que tiene de inactividad neuronal, y el aburrimiento derivado, no hace falta que les diga que resulta muchísimo peor. Que se lo cuenten a mis bronquios. A las pruebas me remito.
Hagamos el recorrido por los hechos. Al llegar de las vacaciones, allá por septiembre, bronceada y feliz, todavía con el subidón que el descanso estival le da al cuerpo y a la mente, inicié la ardua tarea de conquista de esta persona, cohabitante del edificio de enfrente, que sólo puede percibir de servidora una silueta en la distancia. Y, teniendo en cuenta que son unos 200 metros, de ventana a ventana, los que separan nuestras vidas, la labor era complicada. Pero, los cortejos facilones no nos gustan; quizás sea porque creamos que en el mayor esfuerzo, hallaremos la máxima satisfacción por lo alcanzado.
Bueno, en realidad esto me lo digo yo, ustedes no tienen por qué ser, ni por asomo, tan pueriles como la que escribe. Desde luego, partimos de la base que su inteligencia supera con creces la de esta terapeuta perdida. Sigamos.
Entre las tácticas que ingenié para cautivar el corazón del guerrero, digo, del vecino, estaba una muy simple, tan básica, que normalmente es efectiva en la vida real; esto es, cuando a dos personas le separa una distancia relativa, y cuando escribo relativa no me refiero a 200 metros, vamos. Pues, al tiempo que deshice la maleta con la ropa de las vacaciones, cada día me ponía un modelito de verano (ropa que ya saben que no tapa, sino que insinua, y que, mucho menos abriga)
Imaginen, para ordenar la casa, hacer las tareas domésticas, hacer la comida... me colocaba de esta guisa y abría las ventanas de par en par, con la música a todo volumen para animar a mi espíritu, sin ser consciente de las maldades de las corrientes y de los rigores del incipiente otoño. Resultado: bronquitis, porque no se puede estar en tirantas y vestiditos a finales de septiembre, o incluso en octubre: resulta antinatural, insano, y va contra todo sentido común, algo que debo admitir que no me tocó en el reparto de virtudes...
Y aquí me tienen, tosiendo, bramando, esputando mucosidades. Todo ello por intentar alcanzar el objetivo indiscreto de mis ojos, que, dándose cuenta de mis continuas insinuaciones, al final terminó por mirarme un día.
Lo malo fue que al día siguiente, su señora novia, que caí en la cuenta de que regresa por temporadas al nido de amor, una rubia de cuidado, me pilló curioseando a su chico a través de mis cortinas, y con una intensa bajada de persianas, terminó con el cortejo. Chás.
¿Lo bueno? Que me estoy recuperando de la bronquitis, y que siempre me quedarán los vistazos de reojo cuando cocino por las tardes, y entonces él llega cansado del trabajo, y yo asiento con la cabeza mirando hacia su ventana, como diciendo, 'la cena está lista... tú te la pierdes'
Fin.

9 comentarios:

Mr Tambourine Man dijo...

¡Holaaa! Qué bien que te has recuperado. La historia con tu vecino es estupenda para enviar la melancolía al garete. Me ha gustado muchísimo, me he reído, y me he sentido retratado... A veces me fijo en alguna mujer de aquellas con quien comparto mis trayectos diarios de tren, y si me gusta, ya sea por su físico o por algún otro detalle, me pregunto si será feliz, si estará enamorada... Y ese juego mental despierta mi imaginación, y de esa forma siento que vivo más vidas...

Más, please.

Un beso,
C.

Silvia dijo...

Jajajajajajajajjajaja, que interesante es cuando el vecino te gusta. A mi una vez me pasó y es muy divertido, sobre todo cuando te pilla jajajajaja. Siempre te quedará intentar llamar su atención cuando la novia no esté... porque una novia celosa es muy peligrosa jajajaja. Espero que te recuperes bien.
Bss

González dijo...

Gracias queridos!

Caracol! Cómo somos que nos encanta mirar, eh!, en el metro el bus, la verdad es que es un ejercicio sano y hay que ejercitarlo.. jeje

Silvia! es interesante, hija, pero a mí me ha salido un poco el tiro por la culata, que estos malditos mocos no se me van con nada.. pero es divertido, si, aunque más sería sin novias de por medio, ahí te doy la razón..

Gracias a por pasaros a verme!

Besazos!

González dijo...

Gracias queridos!

Caracol! Cómo somos que nos encanta mirar, eh!, en el metro el bus, la verdad es que es un ejercicio sano y hay que ejercitarlo.. jeje

Silvia! es interesante, hija, pero a mí me ha salido un poco el tiro por la culata, que estos malditos mocos no se me van con nada.. pero es divertido, si, aunque más sería sin novias de por medio, ahí te doy la razón..

Gracias a por pasaros a verme!

Besazos!

González dijo...

Halaaaa! Lo estamos dando. Dos por uno, se me ha multiplicado el comment.. es que estoy convaleciente todavía, perdónenme..

Anónimo dijo...

Vaya mierrrda.. no se me ha publicado mi primer resoplo... bueno, en resumiendo te decía que el vecinito es anormal profundo por no fijarse en una mujé como tú, que eres una joya, y lo bien que cocinas... y que todo. tambien te decía que la novia-rubia-cañón, estaba de nuevo pasando una temporada con el, pero que esa pelandrusca no te llega a ti ni a la altura de tu uña inexixtente del dedo meñique, y por último que siempre nos quedarán los del banquito, que aunque mas feos, nos dan de fumá y nos alegran la calle. Hermanita, eres muy guapa y escribes muy bien.

González dijo...

Ain, cómo se nota que eres mi hermana. Gracias gorda, a ver si la próxima vez en vez de anónimo, pones tu nombre, salá..

Antonio dijo...

Pues chica, él se pierde tus cenas (y todo lo demás), ¡a ver si la rubia esa le cocina con tanto cariño como tú!
Por cierto, que no eres la única post-adolescente, me apunto a eso.
Lo que no tengo tan claro es si me gustan o no los cortejos facilones... Creo que me gustan los cortejos en general. Jajajajaj!!!!
¡Besos grandes!

González dijo...

Hola Antonio!
Qué alegría! Gracias por pasarte por esta terapia que no 'cura casi ná, pero intenta reírse de casi tó'
Ya sabes, espero que este sea el inicio de un prolífero intercambio de sonrisas.

Besos!