jueves, 22 de enero de 2009

Teléfono… mi casa. El blog

(N. de la T. En esta noche tristona de enero. Jueves, lluvioso y frío en Madrid, que amenazaba con nieve. Ay si me leyeran. Les traigo disculpas tardonas, pero sinceras y sentidas, como una misma. Felicitaciones caducadas, entraditos todos ya en 2009. Es que tuvimos una desconexión temporal, metáfora pura de la realidad, cómo es la vida. Los comienzos después de un tiempo siempre fueron difíciles. Comprenderán que los reencuentros deberían ser algo indulgentes. Entiéndanme y perdonen este cierre improvisado. Gracias por su compresión: si todavía queda alguien por ahí…)

Al tema. Después de las plegarias nos encontramos con los hechos. ‘Habemus’ por fin un fijo. Este hecho nos ha sobrecogido. Mi casa ya tiene teléfono. Nos lo han traído un poco tarde los Reyes Magos, que pillaron caravana para un día que trabajan. Ahora con las rebajas nos instalaban el aparato, con complementos y calidad de vida. Sí, un simple teléfono. Pero, más mono, con sus teclitas y sus numeritos, su poquita de pantalla enana donde pone ‘llamada externa’, como del exterior del planeta. Con su cable enrolladito como una espiral de regaliz, y ese timbre raro que todavía no reconoces como propio. Con que poco nos conformamos en épocas de crisis.

Pues, les parecerá una tontería, pero llevo cinco años viviendo en este piso, y hasta hoy nunca lo había sentido una casa que, con el patrocinio de los reyes, está equipada para lo que es la vida moderna, y conectada al exterior. Mucho trabajo le ha costado traer el ‘kit’ y ponerlo en pie al señor instalador, o eso decía en su tarjeta. Qué decir sobre él sin ponernos sentimentales, sin caer en el insulto fácil, en la crítica gratuita. Aquel señor, ese hombre, un trabajador entregado a su labor, con vocación de ayuda a los demás. Todo esto desde el más sincero agradecimiento por las cajas que olvidó en el salón, y que tuve que bajar al contenedor de reciclaje. Un saludo a todos los instaladores.

Sí. Aquel hombre displicente. Llamó para decirme que iría al día siguiente a las 10. Llegó a las 10 y media, y yo no dije nada. Hizo que me levantara muy temprano, casi al alba, para tener la casa preparada, porque un teléfono no se instala por primera vez en un hogar hasta que te llega el momento, y a todos nos llega nuestro momento, como en tantas ocasiones en la vida. En estas se cortan cables, y otras cosas que implican curiosear en el suelo, sofá o aledaños. Las pelusas suelen incomodar a los extraños y conviene hacerlas desaparecer antes de la ronda de reconocimiento.

Bueno. Aquel hombre con mono azul. Entró rudo y raudo en el salón, enseñándome muy rápido su tarjeta de instalador cualificado de la empresa azul. Bajó minutos después a la calle, alegando que había olvidado su mochila con las cosas y el 'kit' de instalador (¿?) Se dejó abierta la puerta y volvió a subir al rato, como si nada. Si la instalación conlleva el posible desvalijamiento del piso por descuido del instalador, a lo mejor me lo pienso mejor y me quedo quietecita, pensé cuando él entraba por segunda vez en el piso, ya sin llamar, como Pedro por su casa.

Ya. Aquel hombre que, incomprensiblemente, tampoco tenía tijeras. Le dejé las mías de la cocina. Aunque por higiene un instalador debería tener las suyas propias en su mochila, con las demás herramientas y antivirus. Ahí ya me preocupé pensando en lo siguiente que necesitaría y yo no podría proporcionarle ¿tenía llave inglesa? ¿un martillo? ¿celo? ¿un soplete? ¿y en la cartera que llevas, el bocadillo del recreo? A estas alturas no podía decirle que me enseñara de nuevo su tarjeta. El mal estaba hecho.

Miren. Aquel hombre tuvo que salir de nuevo, sí. Esta vez a la central de la compañía a recoger el aparato telefónico, porque no estaba en el pedido y si no está en el pedido no lo traigo. Ahora vuelvo, dijo. Y me dije, otra vez que se pira. Tardó aproximadamente, calculando por lo alto, lo que tardas en recoger el teléfono y de paso desayunar algo, que el trabajo cansa y desgasta, todos lo sabemos. Esta vez cerró la puerta al irse. Volvió cuando ya eran las 12 y media, y las ganas de que hiciera su labor y se centrara crecían en mi interior, en claro contraste con su interés por acabar la faena. No hay nada peor que una persona desganada. Bueno lo hay, que vaya a tu casa y sea instalador. Pensaba, y si le dijera que tengo una vida fuera de estas paredes, o, me gustaría salir, a poder ser en el transcurso del día de hoy, y cerrar la puerta para que no entres más. So inepto.

Pues sí. Aquel hombre. Taladró mi casa a golpe de cable, esta vez con sus propios utensilios. Mientras en la cocina servidora asistía atónita al sonido del grapado. Hasta que acabó, dejó las paredes sutilmente agujereadas, recogió los cables, me devolvió las tijeras sin darme las gracias, y se fue por fin.
Nos ha costado. Menos mal que tengo mucho gusto y el teléfono queda muy bien en la mesita, junto a la lámpara maravillosa.

Alabado sea, conectada estoy.

Para terminar, les dedicamos este enlace musical, que se note que se les ha echado de menos.

11 comentarios:

Falete dijo...

'''Las pelusas suelen incomodar a los extraños y conviene hacerlas desaparecer antes de la ronda de reconocimiento.

Bueno. Aquel hombre con mono azul. Entró rudo y raudo en el salón, enseñándome muy rápido su tarjeta de instalador cualificado de la empresa azul. Bajó minutos después a la calle, alegando que había olvidado su mochila con las cosas y el 'kit' de instalador (¿?) '''

Este pasaje ha sido sublime hahahahahajajajja!!! me encargaré de darte publicidad, querida, porque todos han huido en desbandada...

...menos yo, que te echaba mucho de menos (creeme)
muaaaa

p.d: faltan las razones de tu ausencia. Pero no es por meter presión, oiga...

González dijo...

Falete tienes razón, querido... esto se ha quedado como el desierto, con las pelusas rodando al fondo (ahora suena el silbido del oeste) Están en las rebajas..

Razones, razones...

hummmm...

Mr Tambourine Man dijo...

Querida González:

Ya había tomado la decisión de supender mis publicaciones en El Caracol, al menos por un tiempo. Tu nota de hoy es la responsable de que me esté costando más de lo que esperaba. Te visitaré para saludarte.

Un beso y un abrazo.
Carlos.

el marido de la portera dijo...

¡Bienvenida al club de los torpes, que como yo, necesitamos de la venida del instalador para que las cosas funcionen! Y sí, se espera su llegada como la pregonada dominicalmente venida del Señor, pero acaba convirtiéndose en la visita a los infiernos. No sé si te pasó a tí, pero para mí, aparte de las salidas y entradas sin sentido, fueron esos silencios en los que el instalador va trabajando cargándose las paredes y el suelo si es preciso, y tú, por no preguntar, no sabes si largarte para no seguir sufriendo o darle un "educado" toque.

Volveré a visitarte. Me encanto el blog y sobre todo este post de rotunda cotidianeidad.

González dijo...

Caracol!!
Me dejas muy triste con tu partida, sólo espero que muy pronto regreses para contarnos esas historias maravillosas, y que no tardes demasiado. Estaré aquí esperándote, como agua de mayo...

Bienvenid@, el marido de la peluquera!!!
Me siento mejor después de comprobar que no soy la única torpe del planeta, jajajaja.
Gracias por tu visita, nos pasaremos por tu portería, a ver qué se cuece por allí..

Besos!

náuGrafo digital dijo...

Ya veo que todo hombre que cruza la puerta de tu casa merece un post. Habrá alguno que entre para quedarse?? ohhh, tachánnn

Silvia dijo...

jajajajajjajaa esto si que es bueno, el instalador del teléfono va a instalar el teléfono sin el teléfono???? desde luego...
Me alegro un montón que hayas vuelto, ya pensé que nos habías abandonado!!
Bss

González dijo...

Jajaja... Já.

NáuGrafo, cuando entre alguno que merezca el esfuerzo, haremos lo posible para que se quede. Yes we can.. taachánnn

Silvia, no veas el tipo instalador.. estaba un poco 'dispersito'.. gracias por seguir ahí y alegrarte del regreso, guapa!

Besos a tuti!

Anónimo dijo...

Sra. González.. en los tiempos que corren, no sabe lo que es, andar navegando por este mar inmenso, y suerte! encontrarme de cara con sus bellas palabras. Deduzco que sos linda desde el pié hasta el alma.. y que cada mañana se viste con letras nuevas. El lunes inicio de semana toca la "ele" tan planita e insulsa ella, el martes la "pe" el miercoles la "i" y así.. hasta llegar al domingo cargado de "eses" serpenteantes, que adornan su cuerpo a modo de bufandas.. Veo que no soy la única persona que se ha dado cuenta de cuán importantes es lo que decís y cómo nos regalás algo de vos, pequeñas cosas cotidianas que tiñes de risa e ingenio y eso, es el mejor acto de generosidad que conozco. Hasta Pronto.

González dijo...

Anónimo, gracias por tus lindas palabras! y por la gran sonrisa que hay en mi sonrosada cara.. jajaja

Hasta pronto y gracias!

googler dijo...

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